Kalibek, Leguisamo, Cervi, estrellas de Las Piedras
A fines de la década del cuarenta y comienzos de la del cincuenta, el hipódromo de Las Piedras estaba en el pináculo de la gloria.
En los alrededores del circo de los eucaliptos se afincaron decenas de pingos, las pensiones eran accesibles, los premios buenos y a las reuniones hípicas concurría siempre mucho público, apostándose con gran entusiasmo.
Era además, la época de la moneda fuerte, del peso oro, como le llamaban los porteños. El dólar andaba por los dos pesos y alguna monedita. ¡Qué tiempos aquellos!
El 8 de diciembre de 1949 se disputaba el Derby Pedrense, denominado en aquella ocasión Gran Premio Presidente de la República, don Luis Batlle Berres, quien por supuesto no faltó a la cita.
La carrera tenía una recompensa de doce mil pesos (que era mucha plata) y el porteño Kalibek cuarto en el Gran Premio Nacional de Palermo y defensor del stud La Giralda (Penny Post, Pampita, etcétera) era «la vedette» de la contienda. El hermoso hijo de Killarney estaba al cuidado de Guillermo Cervi, uno de los ases de la otra orilla y, como si todo esto fuera poco, en sus cruces se apilaba nada menos que «El Pulpo» Irineo Leguisamo.
Pero no era el único argentino, porque también había venido Skymaster, un pupilo del laureado entraineur Alfonso Salvatti, a quien iba a correr Asunción Avero, uno de los jockeys de Romántico.
Entre los locales, Leblón, un potrillo hijo de Latero, de muy buena campaña sólo derrotado por su medio hermano, el crack Luzeiro, con quien había hecho puesta en la Polla de Potrillos, era la figura descollante y, a la postre, el pupilo de Juan Pedro Brondo resultó favorito en las apuestas, con unos pocos boletos más que Kalibek.
La expectativa era enorme y se vio reflejada en los principales titulares de las páginas turfísticas. «Jornada espectacular en Las Piedras», «Verdadera antesala del mitin de verano de Maroñas» y, por doquier, fotos de Leguisamo arribando a Montevideo en el vapor de la carrera, junto a su inseparable compañera, la señora Delia Del Río. Por todo ello, Las Piedras resultó chico.
Un mundo de gente abarrotó desde temprano el pintoresco hipódromo del norte y a la hora de correrse el Gran Premio, no cabía un alfiler. La carrera, como casi todos los expertos preveían, resultó un virtual match entre los dos caballos más apostados, es decir Leblón y Kalibek. Y en ese orden, tras las «primeras escaramuzas» no tuvieron mayor relevancia, los dos pingos «treparon» por segunda y última vez el temido repecho pedrense y, tras la bajada, enfilaron la recta final, ante la euforia de las tribunas repletas.
En el primer «envión», Leblón, exigido a fondo por aquel gran jockey que era Elio Mieres, pareció aguantar bien al porteño. Pero por algo «Legui era Legui». El legendario piloto, «había guardado rollo» como siempre y en el segundo intento Kalibek quebró definitivamente la resistencia de su digno y enconado adversario y terminó ganando por más de un cuerpo en 2’40″2/5 para los 2.500 metros.
Leguisamo tiró la gorra en los cien finales, provocando el delirio de sus fanáticos y también «alguna bronca» de los apostadores de Leblón.
Pero la carrera tuvo también su nota ingrata, causada por la rodada de Sabe y Beira Mar. Este último, un hermoso vástago de Blackamoor, se fracturó las dos manos y debió ser sacrificado en la cancha; también su piloto, Esteban Gandini, sufrió serias lesiones, que le demandaron un largo período de recuperación.
El marcador completo del Gran Premio Presidente de la República del 8 de diciembre de 1949 fue el siguiente:
1º. Kalibek 57 Irineo Leguisamo 4.60 y 2.50
2º. Leblón 57 Elio Mieres 2.40
3º. Skymaster 57 Asunción Avero
4º. Naciano 57 Damián García
5º. Laudo 57 Rodolfo Martínez
Ult. Biguá 57 Anarolino Sosa
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