Cosas desproporcionadas
Por Juan H. Alfonzo
Desde varios años atrás los preparadores físicos han adquirido un protagonismo muy especial en nuestro medio. Cuando surgió a la consideración pública el profesor Esteban Gesto, formando aquella dupla exitosa en la conduccción de las selecciones juveniles de finales de la década del 70 junto a don Raúl Bentancor, la profesión comenzó a jerarquizarse, al punto que el director técnico dejó de ser el único responsable para pasar a formar un equipo junto al encargado de la parte física. El surgimiento de nuevos campeonatos internacionales, y con ellos la intensificación de las actividades de los clubes, hicieron lo demás, las pretemporadas se tornaron imprescindibles, los acondicionamientos físicos de corta duración aprovechando cualquier receso, también. La actividad en la que fueron pioneros los profesores Alberto Suppici y Alberto Langlade tuvo entonces seguidores de su línea que demostraron sobradamente su capacidad. Eso está fuera de toda discusión. Pero fue el ahora Dr. Esteban Gesto, por la fuerza de sus éxitos, pero también de su don de mando, de su severidad y exigencia para los planteles a su cargo y por su cultura, ubicada muy por encima del nivel medio, el que levantó a grados impensados la profesión de preparador físico.
En el exterior no es así
No sucede lo mismo fuera del Uruguay. ¿O usted está al tanto de quiénes son los preparadores físicos de Juventus, Milan, Inter, Real Madrid, Barcelona, Arsenal, Manchester United, Bayer Munich o de la selección de Francia campeona del mundo? Seguramente tampoco conocerá a los encargados de la parte física de Palmeiras, San Pablo, Cruzeiro, Atlético Mineiro, Vasco da Gama y Flamengo.
Algunos de la Argentina trascendieron, como los de Pizzarotti, más por sus actitudes dictatoriales que por su capacidad, Santella, el que más se destacó por ser el compañero de Bianchi en los grandes triunfos de Vélez Sársfield y Boca Juniors, Macaya, que ahora arregló en River Plate para secundar a Gallego. Y muy pocos más.
Que quede claro que no pretendemos minimizar la tarea del preparador físico en un cuerpo técnico. Creemos sí que en nuestro medio su tarea alcanzó una dimensión fuera de lo normal. Como ejemplo vale lo sucedido con el Dr. Gesto en la situación por todos conocida. Los «millonarios» se interesaron por su concurso. Nacional le ofreció seguir con el mismo sueldo del contrato anterior, con aumentos eventuales de acuerdo a los éxitos que el club obtuviera en los torneos internacionales (Libertadores y Mercosur), cosa que él en principio no aceptó. Después se sucedieron los hechos –esta nota no se refiere a ese tema–, quedó afuera de los tricolores, y su posible opción, River Plate, cuando se enteró lo que ganaba aquí dijo que era imposible pagarle algo similar.
¿Cómo puede entenderse que uno de los integrantes de un profesionalismo como el nuestro, empobrecido y preñado de dificultades, pueda abonar a su preparador físico sumas que a clubes poderosos se les hacen inalcanzables? Solo se explica en que estos entienden que ese cargo no justifica semejante desembolso, o simplemente a que aquí hay cosas totalmente desproporcionadas.
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