Una propuesta indecente

Por José Urruzmendi

Luego de leer y releer este proyecto, de sospechoso origen, que trasunta un espíritu inimaginable e inconcebible, aun para el más acérrimo de los oligarcas, nos asombra por sus términos y propósitos que marcan un tope en los sueldos de jugadores y entrenadores.

Me encantaría que también se topeara el volumen económico de las transferencías, donde los «ringui-ranga» tendrían una fiscalización directa del Ministerio de Deporte –de reciente creación– que estimulará la incipiente medida con beneficios naturales y reales para la fábrica de jugadores que de una vez por todas se deberá implantar como única solución.

Sin embargo no considerará este desleal proyecto a los jugadores, protege a un gremio que no es para nada convencional y será una medida tutelar de la Mutual de Jugadores. No conozco a quien preside dicho gremio, pero simplemente puedo referirme a quien, como yo, es un ex jugador. Dieciséis razones no pesarán en una decisión histórica.

A la que sí conozco es a la dirigencia de los entrenadores, quienes, por supuesto, vetarán esta maquiavélica estrategia y serán coherentes con una trayectoria transparente, que los avala como fútbolistas y entrenadores. Ni el Bebe Castelnoble, ni Juan Martín Mugica, se agacharán en esta pretendida barrera. Para eliminarla deberán «chanflearla», con una creatividad e inteligencía que no poseen.

El retorno al país del último ídolo uruguayo, Fernando Morena, incomodará y molestará a quienes ejercen el monopolio en nuestro fútbol. Su propia personalidad, sumada a su condición de incorruptible, tratarán de equilibrar este balance inhumano que, paradójicamente, pretende instrumentar un proyecto gris para un fútbol desorientado y confundido. Se necesita cada vez más gente como Fernado Morena, que además de saber hacer goles, también sabe hacer pensar, cosa poco habitual en quienes toman las decisiones en nuestro máximo deporte.

Reclamamos un espíritu de aventura, en esa aventura en la que muchas veces se embarcaron dirigentes, jugadores, técnicos e hinchas, protagonizando jornadas inolvidables, cuando los futbolistas orientales se codeaban con la gloria, cada vez más lejana, en esta carrera por la plata, que pareciera ser lo único que mide la calidad.

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