Por encima de la modestia del rival, la selección concretó una auspiciosa labor
Daniel Passarella declaraba unas horas antes del partido del jueves: «Recoba es un jugador distinto.
Tiene algunas cosas maradonianas. Yo prefiero que vaya de punta, que esté en el área rival o cerca de ella.
En mis tiempos de futbolista, si me encontraba con alguien parecido a él, prefería que estuviera lejos de mi arco y pienso que eso le sucederá a los que nos enfrenten en las eliminatorias. En esa posición se desgasta menos y podrá aprovechar sus energías para hacerle daño a los adversarios. Con dos o tres de las suyas en un partido me conformo, porque sus apariciones son desnivelantes».
Los hechos le dieron la razón.
El jugador del Inter de Milán creó tres fantasías a lo largo del encuentro con Hungría, en las que hizo un golazo y dio dos pases geniales, uno a Darío Rodríguez y el otro a Coelho, para que el primero anotara una conquista de gran factura técnica, y el restante al volante de Nacional, cuyo cañonazo fue devuelto por el caño derecho del arco magyar. «El Chino» le dio plena razón a su entrenador.
UNA ACTUACION AUSPICIOSA
Siempre insistimos en la necesidad de no perder ubicación cuando se tratan temas del fútbol.
Esto viene al caso porque no queremos que se confundan los términos cuando se hace un juicio sobre determinada producción de un equipo de fútbol.
Pensamos que la muestra de la selección nacional en el partido ante Hungría fue auspiciosa. Nos parece el término justo para no pasar de la depresión que habían causado las actuaciones celestes frente a Ecuador y Paraguay, a una euforia inconsistente por haber superado a esa modesta representación de Europa central, que está muy lejos, a distancia sideral, del otrora glorioso balompié de Ferenc Puskas y compañía. Hecha esta precisión, vamos al cotejo del Campus. Uruguay utilizó un sistema ofensivo, con un 4-1-3-2 flexible. Méndez, Lembo, Montero y Darío Rodríguez en el fondo, Pablo García delante de ellos, más arriba Cedrés por derecha alternándose en ese sector con Coelho, y Guigou. Arriba, Alonso por la zona central y Recoba sin posición fija, apareciendo por todo el frente de ataque.
Hungría opuso un claro 4-4-2, que a veces se convirtió en 4-5-1 al acentuarse el afán conservador de los visitantes.
Los celestes movieron bien la pelota, asegurando su posesión, uno de los aspectos en los que siempre insiste Passarella, sin pudor para pasarla atrás cuando las circunstancias pusieran en riesgos ese control del balón. Las maniobras se realizaron con precisión y serenidad, cosa que no es habitual en nuestros conjuntos.
Se estuvo siempre en posición de ataque, subiendo Méndez por su costado y progresando del otro lado tanto Guigou como Darío Rodríguez, mientras Coelho trabajó mucho en el comienzo de las jugadas y Pablo García fue un león presionando a los rivales y recuperando pelotas en cantidad.
Arriba, Recoba preocupó siempre mientras Alonso, algo impreciso pero luchador incansable, arrastró marcas con sus permanentes arranques en procura de los balones enviados por sus compañeros.
DOS GOLAZOS IMPRESIONANTES
Los dos goles de la selección fueron espectaculares.
El primero llegó tras una maniobra individual excelente de Recoba, que pasó entre dos rivales a fuerza de amagues, eludió al arquero volcándose a la derecha y remató luego con su pierna inhábil, bajo y cruzado, suave, con inapelable destino de red. El segundo fue una gran jugada colectiva, en la que tocaron el balón varios futbolistas uruguayos en una infernal seguidilla de pases de primera, culminando otra vez Recoba con un pase bárbaro en profundidad para la entrada de Darío Rodríguez como si fuera «un 8″ para convertir con preciso envío, también bajo y cruzado, al caño derecho del meta europeo. Dos conquistas rotundas, demoledoras, que decidieron la historia del encuentro, haciendo que el complemento fuera mero trámite ya que la superioridad local fue absoluta, explicándose el hecho de no haber aumentado la diferencia en que los nuestros prefirieron no arriesgar procurando más goles y los húngaros ya estaban satisfechos con caer por una cifra honrosa, como al cabo sucedió.
QUEDARON ASPECTOS POSITIVOS
El partido dejó aspectos positivos en el balance final.
Los debuts de Munúa, Darío Rodríguez y Alonso, por ejemplo. En el caso del golero, no fue muy exigido.
Apenas se distinguió al desviar un pase de Lembo que se le hizo peligroso al picarle mal la pelota al zaguero cuando la iba a golpear –la cancha del Campus está muy poceada– y al rechazar en gran paloma un envío cruzado de un delantero magyar.
Lo de Darío Rodríguez fue excelente, al punto que si sigue en esa escala de rendimiento va a ser muy difícil que le quiten el puesto en el elenco titular.
Alonso fue al sacrificio y, pese a algunas imprecisiones en los remates, cumplió, porque obligó siempre, guapeó e incluso bajó a marcar cuando las circunstancias lo ameritaron.
En el resto, la confirmación de un Alvaro Recoba resplandeciente, notándose la diferencia entre un jugador que actúa todas las semanas en su club (el actual) y otro que era utilizado poco y mal (el que viajó en las oportunidades anteriores).
Se le acusa de discontinuo –lo es–, pero es como dice Passarella, si aparece dos o tres veces por encuentro, desnivela.
Un jugador especial, con un don futbolístico que no es común en el mundo.
Es uruguayo, lo tenemos nosotros, y ojalá sepamos aprovecharlo.
Nos gustó mucho la actitud con que Paolo Montero encaró el partido.
Medido en sus salidas a marcar, sin golpear, pero con potencia física y velocidad envidiables, pero sumándole además el don de mando que siempre debe tener un capitán, ordenando con gestos y gritos y mostrando la corrección que tantas veces le reclamamos al defensor de la Juventus.
Acompañaron con correctas gestiones Lembo, Méndez, Marcelo Romero, Cedrés y Coelho, mientras Pablo García ratificó que es un hombre importantísimo en mitad del terreno.
Lo más flojo individualmente, aunque sin fracasar, fue la labor de Guigou, muy impreciso en sus entregas, aun en las más fáciles, pero con total entrega a la causa, lo que levanta algo su puntaje.
En síntesis, Uruguay superó abiertamente sus producciones anteriores, jugando un fútbol fluido, seguro y desnivelando cuando su máxima individualidad decidió inventar fantasías que sorprendieron completamente a la dura defensa húngara.
El rival, ya dijimos, fue modesto, pero ante otros enemigos, también de alcance limitado, nunca el equipo había rendido como en esta oportunidad.
Hay que mejorar mucho la precisión de los remates porque en la definición seguimos sin establecer un porcentaje aceptable de efectividad. Tal vez en el encuentro del 23 de marzo contra Honduras Passarella pueda contar con la alineación que tiene en mente para el debut –aunque ya se anunció que Montero no podrá venir porque Juventus tiene un compromiso trascendente en esa fecha– o una aproximación a la misma.
Los nombres están casi todos.
Nos gustó la forma en que se trató la pelota, trabajándola para mantenerla en poder del equipo, que es la mejor manera de lograr el funcionamiento que aún no se consiguió por las razones conocidas.
Por todo lo narrado, creemos que este entrenamiento fue auspicioso, aunque no nos olvidamos que el enemigo fue limitado y que hay errores que es necesario corregir para cuando llegue el 29 de marzo y unas casacas verdes intenten entorpecer nuestro camino a Corea y Japón.
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