Solidaridad.

Un periodista de Quebec se encontró con su maleta completamente destrozada a su llegada al aeropuerto de Pekín. Sólo le quedaba un par de zapatos con los cordones rotos. Uno de sus compañeros tuvo lástima de él y, en broma, aprovechó su mala suerte para publicar su desventura haciendo un llamamiento a la solidaridad de los habitantes de Quebec. «Envíenle cordones», pedía a sus lectores. Y, sorpresa, días después el hombre recibió en la Villa de la prensa varios paquetes con cordones.

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