Los Juegos de 2000 alcanzaron en Sydney su máxima expresión
Los Juegos de la XXVIII Olimpíada disputados el pasado mes de setiembre en Sydney se desarrollaron según una perfecta planificación que los convirtió en los mejores de la historia, título oficioso que lucirán al menos cuatro años y que les concedió el día de la clausura Juan Antonio Samaranch.
El presidente del COI, que asistía a los últimos Juegos previos a su retirada, resumió así la inmejorable impresión causada por la organización australiana en atletas y directivos y volvió a pronunciar la tradicional frase ocho años después de Barcelona ’92, ya que los Juegos de Atlanta debieron conformarse con el calificativo de «excepcionales». la única dificultad a la que tuvo que hacer frente el Comité Organizador fueron pequeños problemas de transporte, un mal menor dada la magnitud del acontecimiento, que reunió a 11.000 deportistas, 6.00 oficiales y 21.000 periodistas, además de a invitados, turistas y los cuatro millones de habitantes de la ciudad. El nivel de las competiciones no estuvo por debajo. La natación puso los récords (15 plumarquistas mundiales), el atletismo los grandes (Marion Jones y Cathy Freeman, Michael Johnson) y el público de Sydney la deportividad y un alto conocimiento de las reglas de competición. Coincidiendo con los Juegos, el Comité Olímpico Internacional tomó una de las medidas más revolucionarias de sus 106 años de historia. La entrada de los deportistas en activo en sus órganos de gobierno, incluida la Comisión Ejecutiva.
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