Del campito al estadio, tocando fuerte el pito
Carmelo Giordano es hoy un lúcido octogenario, que mantiene un perfil emparentado con algún personaje salido de la mente enfebrecida de Emilio Salgari, como la saga de los Tigres de la Malasia. Pómulos marcados, mentón voluntarioso, mirada irónica, fino y recortado bigote y una risa pícara y socarrona.
Exhibiendo toda la carpeta y el asfalto, de un «tano» bien nuestro, que adquirió artes y conocimientos que sólo la calle suele brindar a quienes la transitan con los ojos bien abiertos.
Instalada que fue su familia en el corazón de La Blanqueada, sus primeros pasos tuvieron que ver con las corridas por los mil y un campitos de la zona, aterrizando en el añejo Campo Chivero donde fue erigido lo que hoy es el Monumento Histórico del Fútbol Mundial.
La rayada, la franja y el silbato
El natural de Oglilastro Cilento devenido a criollo oriental, supo correr detrás del balón como todos los purretes del barrio, creciendo en la sana adolescencia de la época, con obligaciones acotadas y todo el tiempo para la diversión más democrática y conocida.
El fútbol.
Divertirse y aprender todas las argucias y secretos que la redonda establece sin límites.
Así fue que una tarde la prolongación de la caminata por Centenario, llevó a la barra hasta el camino Corrales y de ahí, por General Flores, a Las Acacias, reducto y semillero aurinegro.
Su destreza y vigor no pasaron desapercibidos y lo ficharon en primera instancia.
El potente delantero de los comienzos fue pasado a la zaga donde lució junto a los Dimitrio, Prais, Spósito y Osvaldo Balseiro, entre otros.
EL meteórico pasaje por cuarta y tercera división, no fue óbice para que, una calurosa tarde de siesta bajo los transparentes del frente de su casa, llegó Alcides Olivera para hacerle una propuesta.
Lo querían en Danubio, recién afiliado a la Asociación Uruguaya de Fútbol, ya ascendido desde la Extra y enfilando de manera meteórica, a los primeros planos de nuestro fútbol.
Pero había que cumplir etapas, como la de lograr el título en la Intermedia para alternar en la «B» y pegar al gran salto a primera división.
El Tano no tuvo dudas y se puso la de la franja para salir campeón, lo que no sabía, apenas con 21 años, es que su historia de futbolista llegaba a su fin y empezaba otra apasionante, siempre con la pelota como protagonista.
Hombre de negro
Pensar que el tiempo le puso por delante, joven aún, a una vasca de pura cepa como Hada Echeverría, que colmaría su vida de amor y mujeres, porque llegaron Martha, María del Carmen, Graciela y Gabriela, pero ningún varón para extender la pasión futbolera de nuestro protagonista.
Más allá de Gabriela, con condiciones innatas para dribling y el remate, pero sin perseverancia para continuar una carrera que, según el padre, prometía ser fulgurante. Por lo tanto la eximia futbolista se dedicó a la Psicología, así como hubo un par de abogadas y una funcionaria judicial en la familia.
A todo esto, así como un día dejó Peñarol por Danubio y viáticos más jugosos, en otra inolvidable jornada empezó su carrera como árbitro.
Ese fue el comienzo que llevó a Carmelo Giordano detrás de los pasos de Francisco Mateucci, Domingo Lombardi, Telésforo Rodríguez y el Pollo Aníbal Tejada, para convertirse en uno de los árbitros de más fuerte personalidad y prestigio.
Alternando con figuras de la talla de Esteban Marino, José María Codesal, Juan Carlos Armental, Washington Rodríguez o Juan Lorenzo Castaldi.
Pero hubo de desarrollar una trayectoria que era esencialmente vocacional y hasta romántica, pero disfrutable, según nos refiere, como ninguna otra.
Códigos sin alambrado
Para todo existió tiempo y es así que, vistas las condiciones naturales exhibidas en el referato amateur, se presentó ante Manre Rodríguez, funcionario rentado del Colegio de Arbitros, para postularse como tal y, presentado que fue a Ricardo De Los Santos, director de la Escuela que regía el referato, fue superando etapas de manera vertiginosa.
Tocó pito en los torneos de la AFA, logrando los más altos puntajes del periodismo argentino, lo mismo que en Brasil, donde recuerda un partido Gremio-Fluminense, donde, cerca que fue del banderín del corner, le gritaron enfurecidos hinchas del Flu, «castelhano, vamos a pegar una bala na sua boca!» preguntando al respecto de lo que hizo cuando ello sucedió, señaló que «por supuesto que no pasaba más allá de la raya del área, bobo no soy…».
Expresa que Obdulio y Galvalissi eran tipos formidables, en tanto el Loco Montaño, Brazionis, Kulys o Sasía, resultaron ser duros de temer. Recuerda una incidencia donde el recordado Pepe le metió un planchazo al brasileño Beico, zaguero de Wanderers rival de Peñarol y cobrada que fue la falta, Sasía le espetó a Néstor Goncálvez, capitán aurinegro «Tito, chillá que este cómico no sabe nada y nos está quemando!…» lo que provocó la reacción inmediata del Tano que lo invitó a retirarse del campo de juego al tiempo que le indica la «ahora vaya y llame a los bomberos…».
Igualmente señala que «los muchachos de antes eran leales, manejaban códigos y se respetaban y eran sagrados, como la palabra era un compromiso, no había que firmar ningún papel para acreditarla…».
Sobre los mejores futbolistas que pudo observar señala a Scarone, el Tano Porta, Hohberg, Alberto Spencer, entre otros cientos de cracks que pisaron nuestras canchas, entiende que los mencionados eran formidables.
Ya no va al fútbol a pesar de seguir enamorado del mismo, pero la violencia y el bajo nivel le quitaron las ganas de ir a las canchas, prefiere ver partidos por la tele y si son del exterior, mejor.
«Ahora nos ganan todos porque ponen en la cancha, el sentimiento que antes era nuestro patrimonio, el amor a la camiseta, más allá del dinero, además son mejores atletas, deportistas cabales, adquirieron la técnica que antes teníamos nosotros…»
Se retiró del referato en 1974 y afirma que no pudo superar la historia del «Gol de la valija» convertido por Braulio Castro, en una expresión acompañada de una estentórea carcajada y un tenue aplauso.
Carmelo Giordano. Personaje si los hay, extraído de la leyenda del viejo fútbol uruguayo. Futbolista devenido a referée con tiempo para afirmar que «el único jugador diferente que se parece a los de antes es el Pollo Olivera, ese de Peñarol, pero es una lástima porque me dijeron que se va otra vez…».
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