APUNTES AL CARBON

LA HISTORIA SE ESCRIBE GANANDO Y EN LAS ELIMINATORIAS TAMBIEN

La celeste ha visto transcurrir otro tramo del largo y duro camino a Sudáfrica 2010. Pasaron Venezuela y Perú y el balance es inevitable.

En primer lugar, es bueno señalar que a veces en el fútbol, dos más dos también son cuatro, con referencia a que desde la disputa del premundial con este sistema, a esta altura nos volvemos locos sacando cuentas y es inevitable por una razón de Perogrullo ya que no ganamos los partidos que tenemos la obligación de ganar jugando como locales.

Ni más ni menos. El tema es más sencillo de lo que lo pintan y bueno sería admitirlo. Este tipo de certámenes se dilucida de una única manera.

Con la media inglesa que indica tres en casa y uno afuera.

¿Que no es tan simple? Digamos que lo es demasiado, habida cuenta que es un tema de resultados, en la medida de armar una estructura de equipo que tenga como gran objetivo lograr los resultados adecuados.

Por supuesto que se debe jugar de la mejor forma para llegar a buen puerto.

¿Y qué es jugar bien? ¿Por dónde pasa? ¿y qué de la esencia, la identidad y el sentido de pertenencia aplicado a un sistema de juego, táctica y estrategia?

¿Cuál debe ser la interpretación de los jugadores? ¿El espíritu para encarar la empresa?

Más allá de las excusas y argumentos, muchos de ellos valederos, todos los seleccionados del continente están en igualdad de condiciones respecto al breve lapso que poseen los entrenadores para trabajar con los fubolistas, la mayoría de los cuales está en el exterior.

De hecho, se ha pasado a ser seleccionador más que entrenador, lo que implica poner bien el ojo en la elección de turno, procurando a quienes de manera más rápida y sencilla se adapten a una propuesta fubolística que debe ser «resultadista» al extremo y en nuestro caso no existe lugar a dudas.

Sólida defensa, solidaria forma de trabajar en la recuperación, contundencia en la definición y enorme dosis de temperamento.

Sin duda que la habilidad y el talento tienen cabida en un equipo de esas características, pero se infiere superior tarea de prodigación y sacrificio, con una recia mentalidad y fuerte carácter, que imponga la disposición de avasallar al rival si la técnica no establece diferencias, a través del empuje y la lucha a brazo partido hasta el instante final.

En buen romance, rescatar los más altos valores que hicieron grande al fútbol uruguayo, logrando hazañas tildadas de milagrosas por lo imposible de su concreción, dentro y fuera de nuestro país.

En este caso sólo pretendemos que suceda en casa.

Por ejemplo, nunca debieron irse con un puerto en la valija, robado en el Centenario, Chile y Venezuela.

En el caso de los trasandinos, a despecho de la aureola de su afamado conductor técnico, hubo serios problemas de integración para enfrentar el cotejo ante los celestes.

Tanto que, contra la mayoritaria corriente de opinión de la crítica y la propia afición, Marcelo Bielsa incluyó la experiencia y talento de un Marcelo Salas que produjo su retorno a la Universidad de Chile, para preparar en su tierra la despedida de una extensa y exitosa trayectoria.

El «Matador» ya no es el explosivo goleador de otrora ni está para esos trotes de la alta competencia; sin embargo todos sabemos lo que aconteció aquella noche en el Centenario, que culminó con un 2 a 2 histórico para los chilenos. Venezuela es lo reciente, nos complicó la existencia sin ser, ni por asomo, aquel equipo eficaz en el fondo, astuto en el armado y letal en ofensiva, que nos estampó un ruidoso 3 a 0, con baile, provocando el cese de Juan Ramón Carrasco.

Luego del 1 a 1 fue tiempo de caras largas, ceños fruncidos y malestar con el periodismo y la propia afición que, como no podía ser de otra manera, se mostró decepcionada y así lo hizo sentir a viva voz en todos los ámbitos.

En todo caso fue lo que recibió de un equipo que, puesto en ventaja en el arranque del encuentro, no supo liquidar a un rival timorato que, para colmo, se animó tres o cuatro veces a pisar el área rival y con eso alcanzó para empatar y estuvo a punto de causar una catástrofe, repitiendo el plato de la anterior eliminatoria.

El tema es que no hubo respuestas futbolísticas ni anímicas, para obtener la victoria a como diera lugar, que no otra cosa correspondía ante el relativo valor del adversario. Por si eso fuera poco, los aficionados debieron realizar una erogación que ni para disfrutar de una ópera, lo que justifica la frustración y la desilusión reflejada en la escasa asistencia producida para el partido con Perú.

Que fue otro cantar por varias razones.

En primer lugar el cambio de actitud del equipo local, con una postura agresiva encabezada por la presencia de Cristian Rodríguez, insustituible en este seleccionado, sumado a otras variantes determinadas por el técnico, en clara muestra de asumir errores cometidos en el partido ante los «vinotinto».

Perú fue impresentable y son públicas y notorias las vicisitudes que sufre la escuadra inca.

Lo nuestro se resumió a sacar partido de todas las ventajas recibidas, incluido un gol en contra del arquero Butrón, acumular tantos que pudieron ser 8 o 10 mientras se iniciaba el largo camino de la reconciliación con la tribuna.

Por supuesto, que no es de recibo el triunfalismo surgido por el 6 a 0 de marras.

La cuestión es ganar puntos de todo tipo y color, pues de nada vale ser el equipo más goleador, si se nos escapan puntos trascendentes, que debemos abrochar de cualquier forma, y sino repasemos lo que sucedió con River Plate en el Clausura.

De lo que se trata es de ganar como local y rescatar lo que se pueda afuera, pero la caridad bien entendida empieza por casa; no debemos reiterar errores del pasado.

Dicho sea de paso, Chile ya nos superó en la tabla de posiciones. La revancha será en Santiago y en esta ronda ante Bolivia y Venezuela embolsó 6 unidades como visitante, sumadas a la que nos birló en el Centenario.

No es un dato menor si establecemos que Uruguay todavía no ganó un solo punto como visitante.

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