Escrito por: Ruben Olivera
Basta enumerar al vuelo algunas de esas situaciones y seguramente se llegará a la coincidencia con este cronista, sobre el aserto de marras. Y no habrá que remitirse muy lejos en el tiempo. Violencia dentro y fuera de la cancha. El caso Pezzotta.
Reclamo de puntos y pérdida de algunos que se ganaron en la cancha. Apelaciones. Más reclamos y pase a los respectivos tribunales.
Omisión de los altos estamentos de la propia Organización.
Amenaza de denuncia al último convenio de la Mutual con los Clubes, que, de concretarse, estaría asegurando la paralización de actividades, en la medida que estamos en conocimiento de la firme actitud de la gremial.
Vaya a cuenta de mayor cantidad y el que tuviere alguna duda, es seguro ya no la tendrá, si estaba distraído y no estaba al tanto de lo mencionado líneas arriba.
El fútbol uruguayo es un milagro.
Lo es porque a despecho de lo enunciado, es capaz de seguir produciendo materia prima de calidad increíble, en función de los factores negativos que inciden en todos, incluidos los que trabajan de manera correcta en sus respectivas instituciones, pero no pueden escapar al desorden, caos y anarquía, en que está envuelto nuestro balompié.
Para quien arribara a nuestra tierra, observara este panorama y se le dijera, por ejemplo, que igualmente somos capaces de cotizar en 20 millones de euros a un futbolista de poco más de 20 años, que encima es un defensor y fue adquirido por el Barcelona, sería de ficción el hecho y le resultaría difícil de entender lo mismo que el acontecimiento del próximo domingo.
El partido que definirá un torneo en el que se batieron récords de asistencia de público y que enfrentará, de manera inédita en una definición, a la rica historia aurinegra y la alegre estudiantina darsenera. A pesar de los pesares, el caso y la anarquía.
El cuadro que orienta Juan Ramón Carrasco enfrentará una instancia crucial, de mayor dimensión que lo ocurrido ante nacional, cuando resignó banderas y se vio superado ampliamente en el segundo tiempo, cuando en el período inicial había borrado al elenco tricolor. Es que la experiencia no se compra en la farmacia y en aquella ocasión más allá del mérito de los del Parque Central, no se nos escapa que se pagó caro tributo a la falta de rutina en estos menesteres de la gran escena, con el entorno de una multitud en contra y algunos actores que rendían ese examen por primera vez a su joven edad.
Pero por encima de aquella jornada inolvidable para la afición y muy dura para los botijas albirrojos, que luego sumaron contraste ante Defensor Sporting, hubo tiempo para barajar y dar de nuevo, porque todavía quedaban cartas en el mazo y se jugó con las que aseguraron un póker de ases, que recompuso filas en un curso acelerado de maduración y permitió llegar a esta instancia.
Claro que acá no habrá margen para el error y hay que sostener el peso de esa responsabilidad, manejarlo y llevar a cabo lo que los darseneros saben de memoria. Jugar muy bien al fútbol y definir con certeza.
River ha sido la revelación del campeonato, puso en vidriera un montón de jóvenes desconocidos, hizo goles de todos los colores pero necesita salir campeón para entrar en la historia.
Y hablando de historia, ese es el bagaje que expone su rival, este Peñarol que estuvo desahuciado y que a través de la conducción de Mario Saralegui, jugando finales todos los fines de semana, fue sumando resultados mientras esperaba agazapado una defección de quienes le aventajaban.
Que fueron varios en su momento, incluido su clásico rival, a quien sometió en un cotejo de trámite electrizante.
Pero si en principio fue salvando la plata en función de sus individualidades, a la riqueza de sus elementos, ha ido agregando cohesión, volumen de juego y contundencia.
La flaqueza de los contendores surge a la hora de defender, reconociendo que hubo superación en ese aspecto, pero sin llegar al gran nivel que garantiza total solvencia en la última zona.
Empero, sin depender de los respectivos sistemas, tácticas y estrategias a utilizar, será una final a puro fútbol, porque por encima de los trabajos colectivos, felizmente en este juego sigue predominando la genialidad de los futbolistas, su impronta y talento, que a la postre general trámites, salvan y convierten goles, para ganar campeonatos. River y Peñarol los tienen y en buen número. Por eso la gran expectativa que despierta una final que se jugará a estadio repleto.
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