GRUPO DE LOS 14: NOS HABIAMOS AMADO TANTO

Hace dos meses el grupo de los catorce equipos menores del fútbol uruguayo profesional de primera división, se reunían en el domicilio del presidente del Danubio Fútbol Club, Arturo Del Campo.

De aquellos empeños por unificar criterios, intereses y preocupaciones, poco queda.

Si uno prestaba atención, a la salida de aquella reunión, todo hacia presagiar que los catorce equipos menores estaban monolíticamente unidos en pos de preservar los intereses comunes frente a la presión de los clubes grandes.

Craso error, pues igual no es lo mismo.

Si bien tampoco son lo mismo los dos clubes grandes de nuestro fútbol entre sí, mucho mayor diferencia hay entre los «chicos».

Si bien políticamente pudo haber un interés más numérico, que de peso institucional en sí, poco une a Defensor Sporting, Danubio, o Liverpool con Progreso, por citar ejemplos cuya claridad se cae por su peso.

En el momento histórico en que se produjo el mitin, Danubio se sentía perjudicado por el arbitraje frente a Peñarol, y ese sentimiento era genérico de los clubes menores frente a los diversos arbitrajes en sus encuentros contra los grandes.

Y por más que se habló de los grandes intereses del fútbol uruguayo, en realidad un solo sentimiento los unió, que los grandes no los cocinaran con los arbitrajes.

Ese, el objetivo principal, tampoco lo obtuvieron.

En lo institucional, han existido diversos reclamos entre los mismos clubes menores, que permite aseverar que del idilio pasaron al odio.

Si bien los intereses son absolutamente justos, los diferentes reclamos del Liverpool Fútbol Club, parece que siempre se efectúan como pidiendo disculpas.

En un fútbol profesional en serio, de reglas claras y armónicas, pareciera que no habría lugar a las improvisaciones.

No obstante, en el fútbol uruguayo, permanentemente corrió aquello del «perdona tutti».

Pero esa realidad se acabó. Liverpool reclamó y ganó los puntos contra Defensor Sporting, también reclama contra Danubio pero en este caso no tendría andamiento. Central Español y otros preguntan «ingenuamente» si alguien estaba inhabilitado por deudas.

Con un afán de cumplimiento de las normas, los acusadores pasan a estar en el banquillo de los acusados.

Tanto se habían acostumbrado a hacer cualquier cosa, que hoy se sienten ofendidos aquellos clubes que de profesionales tienen poco.

La AUF ha apadrinado permanentemente a clubes que no guardan las más mínimas reglas de profesionalismo, y eso parece que por suerte está en proceso de modificarse.

En el fútbol uruguayo no existen los grandes y el «grupo de los catorce».

Existen tres grupos, pues Defensor Sporting, Danubio, Liverpool y River Plate están mucho más cerca de «los grandes» que de «los chicos».

La auténtica modificación de las estructuras de nuestro profesionalismo pasa por un sinceramiento.

La integración es un fracaso. El único equipo del Interior juega de local contra los grandes en Montevideo, pero a su vez gasta fortunas porque sus inferiores deben venir semanalmente a cumplir partidos a la capital.

No hay mercado para dieciséis equipos profesionales.

Peñarol, Nacional y los «chicos» grandes deben sentarse y poner las reglas de juego claras, como sucedió históricamente en todo el mundo.

El que pueda ser profesional, que sea, los demás que jueguen en ligas amateurs.

EL G 14 sirvió para llorar contra los arbitrajes, pero todos sabemos que no existen intereses comunes entre los que buscar sobrevivir y los que aspiran a crecer.

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