Nuestro fútbol ya no es deporte

Desde hace un buen tiempo nuestro fútbol, poco a poco, se ha ido distorsionando de tal manera que cuando vamos a comentar sobre el deporte donde la base es pegarle a la pelota, invariablemente terminamos hablando del desempeño de los jueces, sobre los tejes y manejes de los dirigentes y por sobre todas las cosas por la dependencia que tienen los clubes de nuestro fútbol profesional, de la empresa que posee los derechos de comercialización.

Por supuesto, usted amigo lector, sabe a lo que nos referimos, en cuanto al oxígeno que reciben las instituciones, para luego quedar hipotecadas en cuanto a las transferencias y en cuánta votación deban realizar.

Sin dudas que este deterioro se veía venir, pero lo que no pensábamos era que el desconcierto llegara a los altos mandos, léase neutrales, mesa de Primera, Colegio de Arbitros. En las últimas horas hemos sido noticia en todas partes del mundo, por supuesto no por nuestro juego bonito, sino por el disparate de errores que se cometen día a día.

Ni siquiera se ponen de acuerdo para declarar.

Los neutrales no funcionan como tales, el presidente Figueredo está más de viaje que en casa, lo cual hace que las gestiones queden en manos de dirigentes no tan hábiles para los manejos en estas instancias. La mesa de Primera con Rivero, invariablemente, tiene que negociar con los clubes y luego con Tenfield, para marcar fechas y horas.

El Colegio de Arbitros para nominar a un juez tiene que realizar un mitin para ponerse de acuerdo.

Dejo para lo último las barbaridades de los reglamentos existentes en nuestro fútbol, ni los que escribieron los artículos del reglamento saben cómo se analizan, basta ver lo que pasa con el descenso para no entender nada.

Hemos llegado a los más bajo a nivel de administración de nuestro fútbol, sin dudas, y ya deberían revisar los contratos de derechos para quitar poder sobre la influencia en los clubes, nombrar un grupo de neutrales que sean eso justamente, y no administradores de quienes manifiestan dicho poder, quitar dramatismo a todo lo que concierne al más popular de los deportes, porque justamente es eso: deporte y no compañías que se juegan todo en la bolsa de valores.

Es el momento en que todos den un paso al costado, dejen las puertas abiertas a quienes quieran al fútbol de verdad y no se quieran hacer millonarios a costa de éste.

Es el momento en que deben renunciar los que no sean nobles de corazón porque en definitiva se está jugando con quien es en verdad el verdadero dueño del deporte, y ese es el aficionado que paga rigurosamente sus entradas, que concurre con sus familias a ver los colores de sus amores, que van al paseo y recreación más saludable que puede tener un ser humano que es practicar y ver deporte, salud para toda la humanidad.

En honor a todos ellos, de una vez por todas, renuncien los que no tienen estos ideales y dejen paso a los dirigentes de honor.

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