Lo bueno, lo malo y lo feo
Lo bueno fue la convocatoria de las dos históricas camisetas que concitan la atención, de una masa imponente de aficionados, que ni siquiera el paso del tiempo es capaz de atenuar. El ejemplo civilizado, una lección de convivencia de las dos parcialidades se dio en la Tribuna Olímpica donde no se registró ningún incidente.
Lo malo fueron las consecuencias del arduo trabajo, el perder la perspectiva de que esto es un juego, la acumulación continua de jornadas dobles de entrenamiento que se intensifican en la semana última previa al clásico, que luego reflejan dentro del campo de juego tosquedad en las maniobras con la pelota.
Los espacios se reducen, las distancias para maniobrar son mínimas y el espectáculo desemboca en un tedio total.
Habría que rever los sistemas de acondicionamiento físico, que en nuestro país son excluyentes, por su absoluta aprobación generalizada. Si partimos de la base de que la creatividad también se estimula, jerarquizar de la misma forma que los preparadores físicos, a quienes tienen la virtud de priorizar actitudes técnicas y diestras, por encima de la tan necesaria forma atlética, que es importante pero no absoluta.
Lo feo fueron los incidentes bochornosos, como los califica la prensa especializada. No fueron más que unos arañazos calificados, que por esta conjunción de acontecimientos similares, pero mucho más graves, por los que pasa esta contempóranea sociedad nuestra que, confundida, obliga a encontrar chivos espiatorios, que por la propia magnitud de un acontecimiento clásico, es la referencia, que en definitiva provoca la ocasión para sentar un precedente ejemplar.
Los presos, que originaron los hechos de este partido entre Nacional y Peñarol, son ciudadanos comunes sin antecedentes delictivos, que como medida punitiva, lo máximo, sería prestar servicios comunitarios para con la sociedad. Este circo, que distrae la atención pública, sigue sumergiéndonos en una mediocridad total a todos los niveles imaginables. Terminemos con este bochorno, cuya secuela lo único que consigue es transformarnos en bochornosos a los uruguayos.
Aviso clasificado
Cuando se va a desarrollar un hecho de semejante magnitud, en la vida institucional de un club, deberíamos ser muy prudentes, tomando partido por una u otra lista en las elecciones. Quienes estamos ligados al club de los Céspedes, por un afecto, que va mucho más allá de un servicio personal y ocasionalmente profesional, nos inhibe, por una ética natural.
Pero en este caso particular, quien acompaña al candidato de la lista 5, Sr. Eduardo Ache, cuando convoca a un amigo personal, en la postura de la vicepresidencia, el Sr. Morgan Martínez, connotado tricolor y bolso de raza, sin apetencias personales intencionadas, ya que también es un empresarío exitoso en su vida civil, me veo, en el trance de expresar un pensamiento para el amigo.
Por supuesto que el deseo de éxito lo quiero reflejar en esta nota, que también viene acompañado de un deseo de unidad con las otras listas. Por el bien de una institución señera en el país, que requerirá de todos los nacionalófilos para proseguir con la sobrevivencia, cada día más compleja de un club de estas dimensiones.
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