Hay que avisarle

Cuestión de horas

Por Enrique Yanuzzi

Usted esperó mucho tiempo este momento. Bien temprano por la mañana, mientras mateaba con su esposa, pensó que esta sería una tarde espléndida, a todo clásico, a todo fútbol.

De tarde, después de los tallarines, apuró la sobremesa, tomó el botija y le señaló: «Agarrá el gorro que nos vamos». De esa forma, bandera en mano y con una ilusión tremenda, partieron rumbo al Parque Batlle y Ordóñez.

Seguramente el padre debe de haber jugado el partido cuatro o cinco veces, el gurí está en otra, pensando en los panchos y gaseosas que se va a tomar. Es lógico, el único que tiene asegurado el disfrute es el botija.

Esta historia será común a cientos de hogares uruguayos, que viven este partido como algo único. Es el clásico. Estarán frente a frente dos tricampeones del mundo; entre los dos hay ocho copa Libertadores y además son los dueños totales de la estadística de todos los tiempos de nuestro fútbol.

Nacional y Peñarol son Nasazzi y Obdulio, son Atilio y Hohberg, también son Victorino y Morena, ahora por supuesto tienen los estandartes Bengoechea y Sosa.

Todos estamos con las mismas expectativas y los que tenemos esa unión imaginaria en la pasión por el fútbol, tenemos la misma necesidad de que lleguen por fin las cuatro y cuarto de la tarde.

De entrada se notarán los nervios de los novatos, habrá confianza en los «veteranos», se mirará la posición de Camejo en la cancha, inmediatamente todo el mundo se fijará en Bengoechea y allí veremos todos si hay lugar a duelo.

Estoy seguro de las comunes escaramuzas clásicas, de las fricciones, de las trancadas y de las ovaciones a full de las dos tribunas populares.

Es difícil encontrarse con un clásico a gran nivel, generalmente se lucha más de lo que se juega. Lo que sí siempre está asegurada es la emoción, la intriga, el sufrimiento o el goce.

Los clásicos son siempre partidos en donde se juega más en largo y por los nervios que existen por suerte dentro de la cancha, se dan muchas chances que generalmente en otros partidos no se dan.

Usted, que es fanático del rey de los deportes, ya tiene en su mente el triunfo de su equipo, se imaginó el gol, la atajada de su arquero y hasta un penal no cobrado. Es normal.

Esta tarde desde las cuatro y cuarto de la tarde llegará la hora de la verdad, vendrán las jugadas, los aciertos, los errores, las emociones y las tristezas.

Todas estas situaciones se dan a partir del acontecimiento único, que es el clásico.

Todos esperamos este momento, es el preferido por el hincha, el jugador, el árbitro, el periodista. Ya queda menos, es cuestión de horas y todos sabremos el final de la historia, de una nueva pulseada clásica, con caras llenas de risa y también con las otras, las largas.

Que todo termine en el fútbol, en la cancha. Que así sea.

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