El equipo de todos no la tendrá fácil
Se supone mal.
Experiencias anteriores, no tan lejanas, señalan todo lo contrario y si no que le pregunten a los hinchas de la celeste que tienen la marca ardiendo de recientes frustraciones matizadas de bronca e incredulidad.
Decepciones que siempre han tenido el aditamento de las especulaciones. Que un puntito más de visitante.
O un gol anulado.
El penal que no cobraron a favor. Pensar que en la segunda rueda hicimos más puntos que en la primera. Otra vez nos mató la altura.
Ellos viajaron en chárter y nosotros no.
Lo cierto es que excusas nos han sobrado y ha faltado autocrítica.
Por ejemplo, que los rivales jugaron mejor.
Que hicieron una mejor lectura del juego.
Que hace rato nos faltan el respeto, dentro y fuera de la cancha.
Que no tenemos jugadores clase A.
Los cracks que realmente desnivelan y alrededor de quienes se van armando los grandes equipos, para acometer con mentalidad ganadora las instancias cruciales y trascendentes para superarlas de manera natural.
Quizás los tengamos y no se los ha encontrado.
O sí están, pero todavía no lo han demostrado.
Convengamos en que el crédito está abierto.
El nivel del continente futbolero es muy parejo, salvo Brasil y Argentina, a quienes no les sobra demasiado pero están, por lo menos, un escalón por encima del resto.
A despecho de la increíble noche del Morumbí, cuando Uruguay ante los norteños hizo todo lo que exige el manual menos los goles.
Para colmo, regalamos alguno y así nos fue.
Junio, cuando se reanudará la fase mundialista, está a la vuelta de la esquina.
Perú y Venezuela también, con sus problemas a cuestas.
Claro que, últimamente nos distinguimos por resolver los problemas de los equipos que llegan a los tumbos al Centenario.
Por ejemplo, peruanos y venezolanos en el camino al mundial de Alemania. Ahora son «otros López», pero «el que se quema con leche, cuando ve la vaca llora».
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