NECESITA GANAR. LA POLITICA QUE IMPULSA EL PRESIDENTE NECESITA SUMAR TITULOS URGENTEMENTE.

Meses tortuosos para Alarcón

El primer año de ejercicio del gobierno de la nueva administración que encabeza Ricardo Alarcón estuvo plagado de dificultades, como era previsible para todo aquel que llegase dispuesto a cambiar la forma de conducir el club.

Los últimos años de Nacional transcurrieron con una Directiva que se empeñó en mostrar una unidad absoluta ante los rivales externos, por responder a la convocatoria del economista Eduardo Ache de “lavar la ropa sucia en casa” y a la unión entre los dirigentes, pero además estuvieron plagados de éxitos en el plano deportivo a nivel local, aunque con el lastre de un importante pasivo anterior que no podían disminuir.

La política de Ache fue continuada con bases similares durante los seis meses en que el doctor Víctor Della Valle presidió la institución, hasta llegar a un acto eleccionario donde algunos de los principales directivos trabajaron duramente para lograr una fórmula de unión Alarcón – Della Valle, con el respaldo del economista al binomio, apareciendo como suplente en el primer lugar.

Todo hacía pensar en cierta continuidad del gobierno anterior, hasta que Alarcón comenzó a marcar diferencias en el estilo de conducción. Primero chocó con algunos integrantes de la oposición ­encabezada por Pablo Martínez­ y poco tiempo después se hicieron públicas desavenencias con el propio Víctor Della Valle, quien primero solicitó licencia y luego, el 9 de abril, renunció a su cargo como vicepresidente. El alejamiento del prestigioso penalista provocó un verdadero cismo en los cimientos políticos de la institución, que sufriría el alejamiento de otro directivo, en este caso de Adolfo “Fito” Sayago, uno de los más jóvenes, pero que había trabajado positiva e incansablemente durante los primeros meses.

Allí quedó claro aquello que Alarcón había enunciado en su primera aparición pública como candidato a presidente, cuando le dijo a LA REPUBLICA un mes antes de las elecciones: “No me importa quién me acompaña, sino hacia dónde vamos”, en alusión a quienes serían sus acompañantes durante estos tres años de gobierno.

Quedó definido que el presidente quería marcar su camino hacia “un club sustentable” transitando por rumbos diferentes a los que se venían recorriendo.

En su haber, el reconocido empresario suma el éxito de “Cultura Nacional”, con una campaña de socios que elevó el número de pagantes a más de diez mil y con enorme éxito en la venta de butacas; además, la nueva residencia para juveniles, las obras en el Parque Central y en Los Céspedes y los encuentros con los socios en el Interior.

Pero, sin duda, la gran urgencia es ganar dentro de la cancha. En la medida en que lo logre, su proyecto andará por senderos pacíficos; de no ser así, los opositores seguirán al acecho.

 

EL CHENGUE DE REGRESO

La expectativa y la emoción de los parciales sólo es comparable al regreso del panameño Julio César Dely Valdés en 2003 o a uno de los retornos del minuano Washington Sebastián Abreu, ya que uno de los sueños del hincha tricolor era desde hace un tiempo ver otra vez al “Chengue” con la camiseta tricolor en un campo. Se ilusionó cuando Richard Morales anunció su deseo de jugar en Málaga y el entusiasmo creció a medida que el pedrense manifestaba sus deseos de volver a Nacional aun desoyendo los consejos de su representante, Francisco “Paco” Casal.

El moreno resignó algún dinero que tenía para cobrar en España, llegó a Montevideo y horas más tarde al Centenario en la fría tarde del empate frente a Fénix y allí firmó centenares de autógrafos; una lesión a nivel costal demoró su regreso a la cancha, que se pospuso hasta el jueves 6 de setiembre en la noche, cuando no pudo aportar demasiado para escapar de la igualdad ante Bella Vista. Su primer gol se demoró tres partidos más, hasta que anotó de cabeza frente a Central.

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