Un año con muy pocos festejos: buena Libertadores y Liguilla
Debe haber resultado duro para los tricolores seguir a lo lejos la definición de los campeonatos locales, ya que tempranamente se despidieron en ambas ocasiones de la posibilidad de pelear por el título, con el agravante de que a principios de año sus hinchas soñaban con conseguir el Clausura y de esta forma en las finales frente a los franjeados lidiar por un ansiado tricampeonato, que podía ser el segundo en lo que va de la década.
Nacional ya había dejado en manos de los danubianos el campeonato anterior por lo que debía retomar protagonismo en el ámbito local, pero comenzó a perder unidades en forma inexplicable en las primeras fechas, ante rivales que en los papeles no deberían ofrecer tanta resistencia, pero además, ya en la segunda jornada cayó sin levante ante su máximo enemigo en Jardines, en la primera jornada amarga ante los rivales «directos» (léase Danubio, Peñarol y Defensor) a quienes no pudo vencer a lo largo de todo el año por el Uruguayo. Sin embargo, ese primer semestre estuvo salpicado con momentos exitosos, ya que la buena producción en la Copa Libertadores ilusionó a sus hinchas, que dejaron en un segundo plano la actividad local.
En la fase de grupos sorteó con buen paso los enfrentamientos ante el Campeón de América Inter, Vélez y Emelec hasta llegar a la definición viajando a Porto Alegre con la clasificación casi asegurada; ya en octavos de final llegó el duelo con el Necaxa mexicano con victoria en el Parque y un gran partido en el Estadio Azteca, hasta que cayó en cuartos frente al Deportivo Cúcuta, pues perdió en Colombia y no pasó de un empate en Montevideo.
Entre fines de mayo y los primeros días de junio el conjunto albo vivió su mejor momento, pues incluso llegó a ubicarse vigésimo en la Clasificación Mundial de Clubes de la IFFHS, subiendo seis escalones en la misma, más de cuarenta puestos por delante de Defensor, que también escalaba varias posiciones.
Inmediatamente llegó la Liguilla, en la que de la mano de Gonzalo Castro y Javier Delgado venció primero a Wanderers y luego a Bella Vista; volvió a caer ante Danubio pero se repuso ganando el clásico y cuatro días después a Defensor Sporting, ambos juegos por mínima diferencia, sellando su pasaje a la Libertadores de este año, marcando el momento de mayor alegría para el club.
De ahí en más el año volvió a vestirse de gris para los tricolores, que empezaron el Apertura a los tumbos y nunca lograron enderezar el rumbo hasta que llegó Pelusso, ya sin chances de pelear por el título.
TRISTE ADIOS DE CARREÑO
A los malos resultados del equipo se sumaron en el primer semestre algunos encontronazos entre el técnico y algunos jugadores, entre ellos varios de los más experientes. Primero las discusiones con Tejera, que terminaron en su alejamiento, las diferencias con Vanzini y las pocas oportunidades para Delgado y Juárez, entre otros.
El empate ante Central (30 de setiembre) originó una polémica reunión en la tarde entre Alarcón, Carreño y Enríquez y luego otra hasta la medianoche, de la que el técnico salió diciendo se iba «con un puñal en el medio del pecho.»
EL FINAL DE LA ESPERADE GONZALO CASTRO
Uno de los máximos ídolos de los tricolores en los últimos tiempos logró concretar su pase al exterior luego de varias postergaciones, justo en el momento en que comenzaba a ser silbado por la tribuna. El caso del trinitario Gonzalo Castro comenzaba a convertirse en pesadilla: luego de que «El Chori» -uno de los hijos pródigos del club- estuviera algún tiempo entrenando «solo» junto a «Malaka», tuvo declaraciones poco felices y para colmo sufrió una racha de lesiones seguida de bajos rendimientos (apenas tres goles en el semestre), hasta que logró revertir la situación. Levantó en algún partido de Copa, en los primeros de la Liguilla y terminó el campeonato «a toda máquina» convirtiendo los goles ante Peñarol y Defensor. Con la aprobación de los hinchas nuevamente, en los últimos días de julio se marchó al Mallorca.
LA DESPEDIDA DEL CAPITAN
Con el equipo a los tumbos pocos eran los que lograban sobresalir, aunque varios futbolistas mostraban su valía en los cotejos más difíciles. En los duelos de la Libertadores afloró -entre otros- la figura del capitán Marco Vanzini, pese a que en un par de encuentros decisivos no apareció entre los titulares. Los hinchas pedían al «Palillo» en el equipo pero Carreño lo relegaba al banco varias veces, algunas alegando que no estaba en la mejor condición física: el 6 de junio fue la prueba de fuego para el capitán cuando el técnico lo confirmó como titular. Vanzini mandó en el medio, terminó visiblemente emocionado y saludó especialmente a las tribunas, para confirmar en los vestuarios que no seguía jugando en Nacional, que se despedía con la victoria ante el eterno rival.
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