En el Estadio Charrúa juegan por objetivos muy diferentes
Esta tarde no hay «fiesta del barrio» en La Teja por la llegada de un equipo «grande», ni polémica por la fijación del partido en el Centenario, ni se habló de «trocar derechos» para que el partido se disputara en el Parque Central.
Sabina y Serrat sacaron chapa de locatarios y se quedaron con el Estadio Centenario para mandar a Progreso y a Nacional a jugar al remodelado pero casi olvidado Estadio Charrúa, el mismo que paradojalmente se ubica en el Parque Rivera.
Por suerte, poco se juega a corto plazo en el choque de esta tarde, porque los tricolores apenas apuestan a sumar para la Tabla Anual y a seguir cimentando el trabajo del técnico Gerardo Pelusso, mientras para los «gauchos» será un partido más para seguir intentando acumular puntos en la tabla del descenso, en la que sus principales enemigos se le han venido encima y deparan un futuro sumamente complicado en su ambición para mantenerse en Primera División.
En este panorama, las principales novedades seguramente sean los dos cambios obligados que deberán realizar los parquenses, el de Marcelo «Pato» Sosa por lesión y «El Chengue» Morales -suspendido por su expulsión en el clásico-, quienes dejan sus lugares al juvenil Diego Arismendi y a Martín Cauteruccio, realidad que comienza a dejar indicios para 2008, ya que no aparecen como sería natural -por ejemplo- Agustín Viana ni el paraguayo Derlis Florentín, que ha «desaparecido» de la lista de convocados en los últimos juegos y sería uno de los que no quedaría en el club para el próximo semestre.
Pese a lo anunciado, alguno de los jugadores albos podría tener en los dos partidos que restan la gran prueba de fuego para ratificar su continuidad en la institución, o en el caso de Cauteruccio para confirmar la fama de goleador ganada en formativas que no pudo demostrar en Primera División en las pocas oportunidades que ha tenido.
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