Fabián Carini: Sus manos son sinónimo de esperanza

La larga aclimatación en la altura, los nervios de los 90′ y el sabor del empate han quedado atrás. Sin embargo la euforia entre la gente se mantiene…

 Y es entendible, porque realmente logramos un punto muy valioso jugando en la altura donde las cosas no son sencillas y donde la selección hacía 39 años que no sacaba al menos un punto.

–Lo que indica entonces que los días de aclimatación en la altura fueron realmente positivos…

–Sin dudas, porque entiendo que este mismo equipo llegando dos o tres días antes a la altura tenía muy pocas posibilidades de traer algún punto y lo más seguro era que perdiera, como ocurre generalmente cuando se llega con ese tiempo antes del partido.

–¿En lo personal te adaptaste bien o te costó más de lo esperado?

–Sí, me adapté muy bien al igual que Adrián (Berbia) . Todo este tiempo trabajando en la altura te ayuda a controlar la velocidad de la pelota porque sale con mucho más fuerza, a oxigenarte mejor, fundamentalmente en el caso de los futbolistas de cancha. Así que la adaptación fue muy buena no sólo para mí sino para ambos goleros. Si le hubiese tocado ingresar a Adrián seguramente iba a responder de la misma manera.

–Si bien el objetivo principal se cumplió –que era traer algún punto– ¿ustedes hablaban en lo previo del poderío del rival o se preocupaban más del trabajo propio?

–Sí, lo hablamos, y éramos conscientes que jugando en el llano a este equipo de Bolivia debíamos ganarle, era casi una obligación, pese a que nos ha costado bastante incluso vencerlos en el Centenario. Partíamos de esa base, pero después lógicamente tenés que tener en cuenta que en la altura ellos no te dan respiro, saben moverse, presionan contra tu arco e intentan pegarle al balón de todos lados y eso obviamente te complica.

Hay una diferencia a favor de ellos en la altura pero justamente nuestro trabajo consistía en contrarrestarlo.

–¿Esperaban que ellos atacaran como lo hiceron, lo que determinó que fueras figura decisiva para este empate?

–Y… de alguna manera pensábamos que el partido se iba a dar así como se dio y que con el correr de los minutos iban a presionar cada vez más. Pero estábamos preparados, habíamos hecho un buen trabajo de entrenamiento y eso creo que en la cancha se vio. Lo fundamental, más allá de que quizás no jugamos como la gente quiere o con un poco más de juego ofensivo, es que se cumplió el objetivo de traernos –al menos– un punto.

–¿Cuándo se dieron cuenta de que el partido estaba controlado y que era posible conseguir el objetivo?

–Creo que eso lo pensamos desde el momento que llegamos a La Paz. Trabajamos todo el tiempo pensando en que se podía, confiábamos en nuestro trabajo y durante el partido hicimos lo que debíamos hacer. Había que controlar en todos los sectores de la cancha, sacarles ritmo y creo que eso se dio.

–¿Qué te dijo Daniel Passarella cuando al terminar el partido se fue a abrazar contigo?

–Simplemente me felicitó, me dijo que había hecho un gran partido al igual que el resto de los compañeros, pero nada especial… simplemente recibí la felicitación y el abrazo.

–Y en lo personal ¿cómo lo viste, cómo te calificás?

–Buen partido (se ríe). No, creo que tuve una buena actuación pero son cosas circunstanciales, porque de pronto en otro partido hay compañeros que se distinguen y el golero pasa desapercibido. Pero sí, creo que Bolivia nos apretó y tuve la suerte de sacar alguna pelota un poco complicada…

–Y ahora, Fabián, ¿cómo se ve el panorama de las eliminatorias luego de este empate?

–Y creo que arrancar la segunda rueda con un punto en el exterior, y precisamente en Bolivia donde a Uruguay le ha costado tanto, creo que es muy importante.

Hay que valorar lo que se consiguió sin perder de vista que tenemos aún partidos que serán muy importantes y trascendentes como los que jugaremos de local ante selecciones muy fuertes como Argentina, Paraguay, Brasil y hasta la misma Colombia. Pero creo que vamos por el camino trazado, aunque aún falta muchísimo…

–¿Y del futuro personal?

–Y… por ahora dedicarme de lleno a Danubio por lo que queda del año y después esperar a ver qué pasa con mi transferencia, que según lo previsto me iría en enero a Italia.

Pero ya te digo, por ahora pienso dedicarme de lleno a Danubio con el que por supuesto también tenemos objetivos establecidos.

Sencillo, claro, concreto. Es que el joven portero danubiano está almacenando gloria en el baúl de la humildad, del que no se aparta un instante. A su alrededor tintinean las campanas de éxito aunque él permanentemente le resta importancia.

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