Figuras del deporte uruguayo: JUAN MARTIN MUGICA, UN LATERAL DE "AQUELLOS"....

"Hace años que no ganamos nada con la celeste y eso es muy triste"

–¿Cómo se dio su vinculación al fútbol ?

–Creo que como la mayoría de los gurises nos criamos corriendo atrás de una pelota de fútbol. Soy de Paysandú y allá con 14 años ya jugaba en Casablanca, un equipo de un pueblito 15 km al sur de la ciudad de Paysandú, que participaba en la Segunda División. Después ya de ese club me vine a Montevideo en 1961.

 

–¿Y cómo se dio esa posibilidad de llegar al fútbol profesional?

–En ese pueblo estaba la sucursal del Frigorífico Nacional y el jefe de la planta, Guillermo Veiga –ya fallecido (murió en un partido Peñarol-Rampla en el Centenario de un ataque cardíaco)– era del Cerro de Montevideo e hincha fanático de Rampla. Entonces él veía gurises con condiciones y nos mandaba a practicar a Rampla. Así fue que vinimos Luis Alles, Domingo, Félix y José Pérez, Britos, yo y tantos más. Después hice todo el proceso de juveniles o por lo menos de Tercera a Primera, alternando en Primera siendo suplente de Pedro Cubilla porque yo jugaba de back izquierdo. En 1964 Rampla salió vicecampeón uruguayo e hizo una gira muy grande por Centroamérica y América del Sur. Tuve oportunidad de destacarme como lateral izquierdo, jugué todo el ´65 como titular y en el ´66 pasé a Nacional.

 

–Lo que significaba un paso grandísimo en su carrera profesional…

–Claro, porque es lo que todo juvenil, lo que todo jugador aspira en algún momento de su carrera. Además, ese año fui citado a la Selección que se preparaba para el mundial del ´66, aunque fui desvinculado junto a Carlitos Martínez (padre del «Manteca»), Vladas Douksas y el «Pardo» Abaddie. Si bien fue una frustración porque fuimos a la gira y tuvimos que regresar, igualmente recién había pasado a Nacional, por lo que me prometí a mí mismo seguir trabajando duro para estar en el próximo mundial.

 

–Lo que finalmente se dio y que por otra parte fue la última gran participación celeste en un mundial.

–Sí, pero allí fue diferente porque era titular, jugué todos los partidos previos y andaba muy bien. Además había un equipo muy respetable, al punto de que llegamos a un cuarto puesto que era muy digno. Lástima que nos cruzamos con el mejor Brasil de toda la historia, con Pelé, Gerson, Rivelinho, Tostao y Jairzinho, que era un demonio al que me tocó marcar. Era centrodelantero y lo ponían de puntero derecho para que jugara. Un fenómeno, como todo ese equipo.

 

–¿ Y qué significó anotar un gol en un mundial? (marcó uno ante Israel en el debut, partido que terminó 2 a 0).

–Es algo espectacular aunque, te soy sincero, no fue lo más emocionante. Emoción y lágrimas te da el hecho de escuchar los sones del himno de tu país. Muchas veces nos mirábamos con el «Negro» Montero o con el «turco» Mazurkiewiez y estaban igual que yo, visiblemente emocionados. No veíamos la hora de que el juez pitara para comenzar de una vez y terminar con eso. No hay otra cosa más emocionante que escuchar el himno en el exterior y con la celeste puesta en el pecho. Es una emoción intransferible, al menos lo era para nosotros.

 

–¿Uruguay mereció mejor suerte en ese mundial?

–Quizás sí, ligamos mal. Brasil nos anotó al terminar el primer tiempo y nos trastocó un poco el esquema para el segundo tiempo. Quedó grabado un hecho que se tomó un poco en serio, un poco en broma. Matosas (padre de Gustavo), como gran caballero del deporte, no «bajó» de una patada a un brasileño que se fue expreso al gol. Hobberg nos decía que si hubiese sido Ubiña o Montero, el brasilero quedaba colgado de la tribuna. Después, para el segundo tiempo, Brasil sacó el libro y con los fenómenos que tenía nos ganaron bien. Pero ellos nos respetaban mucho y sabían que nos ganaban con fútbol, pero nosotros íbamos a muerte en cada pelota.

En aquel momento pensábamos que habíamos quedado lejos y si bien no era fracaso no era lo que más nos satisfacía. Hoy si clasifican, ya da para festejar y además hace muchos años que no ganamos nada con la celeste puesta y eso es algo muy triste.

 

–Tuvo oportunidad de jugar en aquellos famosos equipos de Nacional con jugadores como Artime, Manga, Ubiña, Ancheta, Montero Castillo, Cubilla, Celio, Prieto…

–Equipos espectaculares que hoy sería impensable tenerlos, al igual que Peñarol del ´66 y esos años, por ejemplo. Jugadores extranjeros de valía, que estaban en plenitud, totalmente vigentes pero además esos equipos lograban una amalgama perfecta entre jugadores veteranos o experientes con una camada joven que íbamos aprendiendo de los más veteranos. Además, la plata uruguaya valía muchísimo y podíamos «darnos esos lujos» de tener a los jugadores de renombre como Artime, Manga, Prieto Figueroa, Onega, y repatriar a otros fenómenos como Matosas (padre de Gustavo) y Cubilla, jugadores que vinieron de River argentino a Peñarol y Nacional respectivamente.

 

–Equipos uruguayos que eran respetados en todas partes y acostumbrados a ganar…

–Claro, ahora lamentablemente miramos de lejos todo lo que se juega. Simplemente para decirte un ejemplo: antes, los equipos colombianos enfrentaban a los uruguayos en Colombia y jugaban defendiéndose y al contraataque. Hoy vienen al Centenario y te atacan más que los locales. ¡Si habrá cambiado el fútbol!

 

–¿Pero a qué se debe? ¿Mejoraron los demás, nosotros nos quedamos mucho o es la forma diferente de mirar el fútbol?

–Creo que cambiamos más nosotros que los demás. En el resto de los países se avanzó mucho pero nosotros no. Además, tenemos una sangría impresionante de jugadores que es muy perjudicial. A eso le sumamos que nosotros tenemos muchas culpas y se reflejan en los resultados que se consiguen a nivel internacional.

 

–Y en eso, ¿cuánto de culpa tiene el hecho de que el fútbol uruguayo haya permitido el ingreso de contratistas, televisación, «Paco» Casal, etc.?

–Mirá, a Casal lo conozco desde que era alcanzapelotas en el Estadio Centenario y tengo un gran respeto por él, porque pienso que si él compró el fútbol e invirtió, lo hace a su gusto y no al de lo demás. Pero no todo lo malo que sucede en nuestro fútbol hay que achacárselo a Casal. Creo que él, con su inteligencia, invirtió y como negocio lo cuida a su parecer. Merece respeto porque tuvo la voluntad y el poder de comprarlo y lo maneja como quiere. Pero el nivel futbolístico actual, que no ganemos nada, no es un problema de Casal, porque pienso que todos estamos involucrados en este tema.

 

–Jugó hasta 1979 y enseguida asumió en Nacional, por lo que su trayectoria como técnico tuvo algo de fortuna, por decirlo de alguna manera…

–Creo que mucho. En agosto del 1979 nos fuimos al descenso con Liverpool pero ya tenía decidido dejar de jugar. Había surgido la oportunidad de dirigir en juveniles a Liverpool, pero como había venido con títulos de entrenador del exterior y tenía que regularizarlos acá en Uruguay, me iba a faltar tiempo, así que dejé de jugar. Pero por intermedio de un gran amigo, Ignacio Arrospide, y Dante Iocco, que recién había sido elegido presidente, «aparecí» en Nacional.

 

–Pero ¿no tenía experiencia alguna como para dirigir un equipo de esa naturaleza?

–No. Lo que pasó es que yo iba como ayudante de un técnico que querían contratar, Cayetano Rodríguez, que era la mano derecha de Menotti. Pero las negociaciones se demoraron porque pedía mucha plata y como Nacional debía jugar un par de partidos enseguida, incluyendo un clásico que ganamos, la Directiva decide que junto a Gesto, que también ya había arreglado, nos encargáramos del equipo en forma provisoria.

 

–Y llegaron los títulos con una campaña espectacular…

–Fue extraordinario. Un equipo compacto, con jugadores hechos, con juveniles que dieron todo para conformar un equipo ganador. Llegamos para un interinato pero como comenzamos a ganar nos dieron confianza y seguimos, coronando con un título internacional.

 

–Sin embargo, su salida de Nacional, un par de años más tarde, fue medio confusa.

–Mientras conseguis los éxitos sos un fenómeno, si perdés, pasás a ser malo. Se generó un problema entre la Comisión Directiva y Victorino (Waldemar). Lo querían vender en un millón de dólares y no pudieron obtener esa cifra, lo que generó un problema. Victorino se comportó mal, tuvo actitudes que no correspondían a la disciplina del plantel y lo tuvimos que separar. Los resultados después no se dieron y la hinchada presionó y la decisión fue desvincularnos a Gesto y a mí.

 

–Lo sorprendió que después de haber sido campeón del mundo, prácticamente sin el desembolso que quería hacer Nacional por un nuevo técnico y siendo de la casa lo hayan desvinculado…

–Y sí, me sorprendió un poco, pero los resultados mandan por más de la casa que seas. Hoy me causa cierta gracia cuando escucho a algún dirigente que, para justificar una contratación de un técnico, dice que es de la casa. Con un par de vueltas a la cancha ya alcanza para decir «es de la casa», pero en realidad, «de la casa» éramos nosotros que tuvimos entre jugador y técnico nueve años ganando en ese período nueve títulos, incluidos dos intercontinentales. Nosotros éramos de la casa y sin embargo…

 

–¿Ahí se produce su primera incursión en el exterior como técnico?

–Sí, nos vamos –con Gesto– a Deportes Tolima de Colombia y allí en ese país maravilloso estuve cerca de ocho años, dirigiendo varios equipos aunque no continuadamente, porque volví varias veces. Después dirigí en Brasil (a Gremio), en Centroamérica, en Costa Rica a Saprissa y Alajuelense y en El Salvador a Alianza, que fue el último equipo que dirigí, hace dos años.

 

–Su último equipo en Uruguay fue Racing del ´89 con una campaña espectacular, muy recordada por cierto.

–Fue un gran equipo que formamos en 1989 con la presidencia de Armando Silva Tabárez. Hacía 15 años que Racing no subía, por lo que fue realmente una campaña espectacular, seguida por muchísima gente; las canchas se llenaban en todos los partidos. Un gran equipo que coronó la campaña siendo campeón y fue algo que me llenó de satisfacción, porque yo que estaba dirigiendo en el exterior venir a dirigir a la «B» no era muy lógico, pero gracias a Héctor «Lito» Silva y Héctor Resola, dos grandes amigos, se dio esa oportunidad que fue el último equipo que dirigí en Uruguay. Después me dediqué por cinco o seis años a aquellas selecciones Seniors, que jugaban cada dos años por la Copa «Pelé» y si no lo dirigía yo lo hacía Castelnoble. En ese ínterin también estuve dirigiendo en Colombia.

 

–¿El entrenador uruguayo es bien visto en el exterior en la actualidad?

–Vamos en declive, como va el fútbol uruguayo. Antes ibas a cualquier parte del mundo y el entrenador de Uruguay era requerido, además que había muchos trabajando. Hoy cada vez son menos y nos tienen menos respeto. Yo trabajé en Colombia ocho años, pero la lista de técnicos en el extranjero es interminable. Hoy, lamentablemente, son menos.

 

–Supongo que tendrá una visión diferente, habida cuenta de su presencia como dirigente de Audef…

–Sí, tenemos un visión muy particular del tema pero prefirieron no entrar en detalles. Ya van 27 años, prácticamente desde que comencé como técnico allá por el ´80, que estoy en Audef, siendo presidente en varias oportunidades, actualmente estoy en dicho cargo. Pero lo importante es que estuvimos siempre defendiendo los derechos de los entrenadores porque me parece algo justo y correcto y lo mismo cuando integraba la Mutual de jugadores.

 

–¿Cómo ve el fútbol uruguayo actual?

–Lamentablemente, estoy cansado de escuchar a colegas tuyos señalar que antes los equipos uruguayos jugaban colgados de los palos. Yo, que pude hablar con fenómenos de antes, siempre me decían que había tres o cuatro que la rompían en cada cuadro y jugaban ante cualquiera atacando pero sabiéndose defender. Hoy falta capacidad a todo nivel.

 

–Es algo recurrente decir que no hay laterales en nuestro medio, precisamente en un puesto donde jugó tantos años.

–No sé de quién es la culpa pero los laterales han ido desapareciendo con el tiempo, al igual que los punteros. Hoy a los laterales se les llama carrileros, pero además estoy viendo algo que me llama la atención y lo hablamos con jugadores de mi época y es que el jugador uruguayo, el defensa, ha ido perdiendo la capacidad de marcar. Hoy cuando sale a defender hay muchas expulsiones… parecería que siempre llegan a destiempo. No sé si no les enseñan a marcar en juveniles o a qué se debe. Además, antes, cada uno de nosotros tenía espejos en nuestro medio y de alguna forma te iban guiando tanto como compañeros o de verlos, de enfrentarlos. Yo miraba a defensas como Matosas, «Cococho» Alvarez, Manicera, William Martínez, Pedro Cubilla y en mi puesto me gustaba Pavoni y del exterior Marzolini de Boca. Eran ejemplos de los que aprendíamos muchísimo.

 

–¿Hay alguno en su puesto, en los últimos años, que le haya gustado?

–Mirá, el último lateral izquierdo que me llenaba el ojo era Washington González. Pero de muchos años para acá se fue desvirtuando el lateral y realmente no hay ninguno que me convenza. Busco pero no hay uno que me convenza.

 

–Uruguay ha adolecido en las últimas competencias internacionales, tanto a nivel de selecciones como de clubes, de ineficacia en los penales. Usted, sin embargo, era especialista en penales y tiros libres…

–Cada vez que hay una definición, tus colegas me están llamando.

Pero sólo puedo decir que es simple. Yo me quedaba muchas horas después de cada entrenamiento practicando. Además, tuve la suerte de patearle penales en los entrenamientos a tremendos goleros y era difícil convertirles.

En Rampla tenía a Larrea, a un brasileño grandísimo que habían traído; en Nacional, a Roberto Sosa y Manga, que con Morales nos pasábamos horas pateándole penales; a Mazurkiewiecz en la selección.

Entonces, tanta práctica en algún momento te da resultado. Además, cuando el árbitro cobraba un penal, mientras iba llegando para patearlo ya sabía dónde tirarlo y me afirmaba. He escuchado que hay quien dice que Mujica nunca erró penales. No es así, erré penales, pero nunca en partidos decisivos. *

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