Hay que avisarle

Partir el equipo

Hace apenas unas horas que llegué por duodécima vez a la tranquila ciudad de La Paz. Aquí en cambio uno se encuentra como si hubiese pasado una guerra. ¡Ay América Latina!, qué será de tu futuro, qué pobreza, cuántos problemas comunes de todos los países de esta parte del mundo. Un futuro que tiene hasta puntos de similitud con la Selección de Uruguay.

Por fin aclimatados

De eso nadie tiene dudas, el plantel está aclimatado, no tiene ningún inconveniente que no sea tener que ganar por fin un partido de visitante y nada menos que en la complicada ciudad de La Paz. Aquí hay que armar la primera revolución, hay que plantar bandera y pasar a la historia. Perder después de tamaño sacrificio sería decirle adiós definitivamente a la clasificación. Sí señor, hay que meter presión y los jugadores lo deben aceptar, no hay más remedio.

Uruguay seguramente partirá el equipo. Tendrá que defender bien atrás, buscar tener la pelota en el medio y dejar siempre fijos dos puntas. Nada de jugar en bloque. En cada «estancia» deberá el equipo de Pasarella dominar el partido.

Sueño boliviano

Es el mismo que hoy tiene Uruguay: ganar el partido. Claro que hay una gran diferencia. Si Uruguay gana, dará un gran paso para la clasificación. En cambio, si los que ganan son los del altiplano, no les servirá de mucho porque sinceramente ya los veo fuera del Mundial. Ellos en lo íntimo son conscientes de esta situación.

De todas formas, está el honor y sueño de los bolivianos. A raíz de nuestra prédica constante contra la altura, los «bolitas» siempre disfrutan el doble cuando les ganan a los uruguayos o argentinos. Ese es uno de los argumentos grandes que tiene Aragonés para motivar a esta discreta selección de Bolivia. Es justamente eso, una escuadra mediocre, sin nombres, con jugadores sin experiencia. Este sueño boliviano no tiene jugadores como Rimba, Cristaldo, el «diablo» Etcheverry, Soria, y tantos otros que no sólo ganaban por el fenómeno de la altura. Esta selección, si es que llega, sólo contará con el aporte experiente de Platini Sánchez. Esta es la verdad, la que uno encuentra cuando arriba a La Paz, cuando se dialoga con viejos amigos colegas bolivianos y nos cuentan de una realidad económica asfixiante para los equipos locales. El Bolívar, por ejemplo, debe cerca de seis meses de sueldo y es el más grande equipo de Bolivia.

Por todo esto y por las ciento cincuenta mil razones que parten de los mismos miles de dólares que se pusieron para preparar el equipo, no queda otra que ganar.

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