Antón, Antón, Antón Pirulero
Es uno de los juegos de niños más conocidos en el mundo entero, el Antón, Antón Pirulero, cada cual, cada cual, que atienda su juego y el que no lo atienda y el que no lo atienda pagará, pagará una «nueva eliminación».
Así están las cosas, mi viejo. El fútbol uruguayo está como el Antón Pirulero. Hay que estar atentos al juego. En todos los rubros, no solamente en la cancha, sino, lo peor de todo, afuera de la misma.
Resulta que los jueces son los grandes culpables de nuestra crítica posición en la tabla. Mentira. Eso no es verdad. Todo lo contrario, Uruguay está quinto y es la posición que le corresponde.
Todos los partidos han tenido como ingrediente algún problemita extra, que le ha dado un condimento especial a la vida tumultuosa de los últimos años de la querida celeste.
Por suerte ahora, que se va a enfrentar a Bolivia, parece que están todos atentos. Cosa buena. Como le decía anteriormente, en el juego de Antón, hay que estar atentos.
Por suerte esta vez no apareció Fachetti, el tano que armó un lío bárbaro en Punta del Este, también el charter salió 24 días antes y no tuvieron la necesidad de bajar a nadie, cosa buena y como sólo hay por el momento un solo periodista que pertenece a la empresa que «banca» la Selección, las conferencias de prensa son como truco de dos, aburridas.
Por lo tanto, con jugadores aclimatados, superconcentrados, con el técnico pensando en el partido exclusivamente, con los contras que recién comenzamos a llegar algunos el lunes a La Paz, no tengo dudas que todo el mundo está superatento.
El otro día le hacía una nota a Diego Aguirre, que jugó en el Bolívar de La Paz durante tres meses y me dijo al aire en 22 Universal que luego de los veintinún días el jugador está aclimatado y ya no hay excusas.
Por lo tanto, mi viejo, después de tantas pálidas este equipo uruguayo está para ganarle a Bolivia en la altura y así esperar con tranquilidad 2001 y el arranque con Paraguay en marzo de ese año en nuestro histórico Centenario.
Señor Pasarella, hay que ganar. No queda otra. Si Uruguay pierde ya hasta el puente por Oceanía estará destrozado y no lo podrá cruzar hacia Japón y Corea 2002.
Bolivia será duro, pero tiene sólo ocho puntos en el torneo. Además no estarán las figuras tradicionales del equipo y será prácticamente una selección local, compuesta por jugadores que actúan todos los domingos en el fútbol de cabotaje del altiplano.
Llegó la hora de la presión, sí señor, hay que ganar, si Uruguay después de este sacrificio de todo tipo no gana, será un fracaso total, no sirve el empate, insisto, hay que ganar.
Este es el momento esperado por todos, ganar después de mucho tiempo, vencer en el exterior a alguien que no sea Venezuela.
Poco importa el equipo del miércoles, mucho importa la actitud y la atención, vio, como en el Antón Pirulero.
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