Un comienzo soñado
Uruguay ganó, goleó y gustó.
Estableció un añejo axioma que habla de la perfección en el fútbol. Pero vayamos por partes.
Bolivia, rival en el debut de este largo periplo de las Eliminatorias, señalaba varios factores puntuales que generaban condiciones para la escuadra local.
En primer lugar se jugaba en casa, con todo lo que ello implica en este tipo de torneos clasificatorios, que imponen la ineludible misión de ganar como locatarios, en tanto es muy complicado acceder a resultados positivos jugando como visitantes, por diferentes motivos que van desde la altura en La Paz, Quito o Bogotá, al tremendo calor y la humedad de Maracaibo, el clima también adverso de Asunción o la superioridad natural que imponen por su jerarquía Argentina o Brasil.
Los del altiplano, a priori, resultaban un rival accesible y, por si ello fuera poco, llegaban en pésimas condiciones a Montevideo.
Hubo discusiones y conflictos con los dirigentes, que habían llevado al plantel a tomar medidas y alterar el esquema de trabajos previos ordenados por su cuerpo técnico.
Para mayores males arribaron más tarde de lo previsto y sin figuras de la talla de Juan Manuel Peña, por ejemplo, capaces de aportar su experiencia en estas lides.
Dicho todo esto, el favoritismo que ostentaba nuestra representación se vio acentuado y se reflejó en la cancha, desde que la pelota entró a rodar en el Centenario.
Fue una avasallante demostración celeste. Ahogando la salida de un rival tímido al extremo, distraído además en su última zona y con gruesos errores de concepto, dudando entre el anticipo, el corte o la espera. Los verdes fueron un equipo sin orden, impreciso y sin alma.
Paraguay es otra historia
Es cierto que la del próximo miércoles será otra historia. Paraguay mostró la hilacha ante Perú.
Chilavert, Ayala y Gamarra ya no están pero los Villar, Morel Rodríguez, Da Silva, Cáceres y compañía mostraron solidez y oficio para trabajar el juego de acuerdo a sus intereses.
Naturalmente que aumentará su disposición ofensiva jugando como local. Es que tienen delanteros potentes y eficaces, a despecho de la ausencia de un referente como Roque Santa Cruz, que saben acelerar e imponen presencia en el área adversaria.
Cabañas, Tacuará Cardozo o Haedo pueden ser intratables en el Defensores del Chaco y hacerle la vida imposible a cualquiera.
Pero no son Pelé.
Hasta aquí llegamos en las persecuciones, «identificación del enemigo» y datos que celosamente debe guardar el maestro Tabárez, para entablar la batalla futbolística en suelo guaraní.
Los celestes mostraron lo suyo, virtudes que potenciadas tendrán su influencia en el camino extenso y difícil, pero no imposible de superar si pretendemos jugar el Mundial de Sudáfrica.
Hubo convicción y seguridad, con una lectura clara de cómo había que jugar el partido del sábado. Mérito del técnico, sin duda, en cuanto a la llegada y convencimiento establecido sobre los jugadores. Triangulaciones.
Sociedades en diversos sectores. Pelota al piso y una fuerza anímica tremenda. Velocidad. Abundantes llegadas por afuera.
Seguimos pensando en la conveniencia de un «10» natural para el equipo. Por lo menos no está incluido en este plantel. Y más allá de la gran actuación de Rodríguez, tiempo habrá donde será necesario quien marque los tiempos, el cambio de ritmo, frente al vértigo saludable que también se debe combinar con la pausa.
Pero esa es responsabilidad del técnico, que menuda tarea tiene por delante.
La obligación de lograr resultados que pongan al fútbol uruguayo en un Mundial. «Casi nada lo del ojo y lo tenía en la mano».
En concreto, la obligación ante Bolivia era ganar y se hizo de la mejor manera.
Paraguay es otra historia y será necesario corregir defectos, que los hubo, sobre todo desajustes defensivos, que ante un rival como los albirrojos se pagan caro.
Pero también al tiempo y si de estrategas hablamos, emulemos a Napoleón Bonaparte indicando a su sirviente: «Vístame despacio, que estoy apurado». *
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