Crónica de una muerte anunciada
El cese en sus funciones del director técnico de Nacional se podía presumir. Este negocio es por plata y sabido es que los resultados mandan. Sin embargo, más allá del doble discurso de los dirigentes y las circunstancias que van generando los hechos, con dinámica intensa y acelerada, hubo abundancia de desprolijidad al tomar la decisión. Desde los rumores que siempre se originan en las mismas fuentes, pasando por el manido respaldo que se otorga al profesional de turno (este no fue el caso) que anticipa el certificado de defunción del mismo, hasta la abrupta reunión que determinó el término del vínculo, en el propio domicilio del presidente de la institución.
A despecho que Daniel Carreño se fuera convencido que el crédito estaba abierto hasta el partido a jugarse con Rampla Juniors.
La información ha sido abundante y la afición deportiva seguramente habrá sacado sus conclusiones, pero este nuevo ciclo del joven DT en los tricolores, ya es historia, cosa juzgada y será cuestión de tiempo el establecer la justa medida de los acontecimientos.
Haz lo que yo digo, no lo que yo hago
Es cierto que se cometieron errores. Que los hubo desde el principio. Pero no fueron de exclusivo dominio del cuerpo técnico.
El presidente del instituto albo tuvo como bandera pre electoral, la austeridad a través de un severo recorte del presupuesto, mayores posibilidades para los valores surgidos en casa y, justo es decirlo, no fue Carreño su prioridad cuando Lasarte fastidiado por el tratamiento recibido, pegó el portazo y dejó acéfalo el cargo.
De la austeridad, mejor no hablemos, cuando se registró una cantidad enorme de costosas incorporaciones, con sueldos que uno imagina muy altos, por lo menos para la realidad de nuestro medio, por lo que el proyecto de promover jóvenes futbolistas y la severa administración dejó de ser tal.
También es cierto que Ricardo Alarcón concretó hechos positivos que tienen que ver con el ordenamiento, la faceta edilicia y social.
Pero está visto que los resultados mandan y en los equipos grandes es superlativo.
El desgaste y las derrotas, incluso, le cambian el carácter al más pintado. Sino que lo digan el mismísimo Alarcón y Carreño.
Este último, es uno de los técnicos más prometedores surgido en el medio, capaz, pragmático y con conceptos modernos del juego. Pero esta vez no alcanzaron y el errático momento del equipo del Parque Central derivó en una crónica de una muerte anunciada.
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