EL VIOLETA APRENDIO LA LECCION

La ventaja de ser libre

Por Julio Cifuentes

Siempre pasa, en todos los órdenes de la vida. Hay tipos que son diferentes al resto, que tienen algo adentro que los hace distintos y por ello sobresalen entre todos los demás.

A veces, esta virtud es peligrosa, porque a alguien diferente, que sabe o puede más que los otros es difícil contenerlo. Algunos intentan torcer la verdad natural, e intentan transformar esa virtud en defecto, y los critican, los segregan, los discriminan y muchas veces los encierran.

El fútbol no escapa a esta realidad, y a los diferentes muchas veces «hay que darles palo».

El elegido para ser blanco de críticas, muchas veces ha sido Marcelo Tejera.

Que no mete, que es muy frío, que por momentos se escapa del partido y que juega cuando él quiere. ¡Qué montón de pavadas juntas!

Defensor, o mejor dicho Manolo, comprobó ayer, mientras el Mambo y los autitos chocadores le ponían música a la tarde, que de ninguna manera puede encasillar a Marcelo en ningún sector de la cancha. Durante varios partidos lo recostó contra un costado, lo incomodó con la línea de cal a pocos metros, mientras ubicaba a otro de sus futbolistas cumpliendo la misma función por el otro lado del campo.

Claro está que nunca encontró a nadie que pudiera rendir de tal manera como para sacrificar así a su capitán número diez.

Sólo cuando Magallanes anduvo por ese sector pudo ser efectiva la idea de Keosseián, pero luego se daría cuenta que Federico era más útil al borde del área, en función de punta.

Fue así que después de perder dos puntos ante Racing (que pueden doler a fin de año), el pasado fin de semana el entrenador de los de Punta Carretas decidió introducir cambios en la oncena, y entre ellos, el más decisivo fue permitirle al rubio volante jugar suelto, sin posiciones fijas.

Veinte minutos alcanzaron

La libertad dada por el técnico le permitió a Tejera moverse a su antojo, prácticamente, moviéndose a derecha o izquierda, bajando a recibir el balón casi hasta su área o quedándose quieto, parado en un costado de la cancha, para caer en el momento menos pensado por sus rivales a espaldas de los volantes rojiverdes y desde allí hacer daño a la defensa de los de Maldonado.

Apenas nacía el partido, cuando un tiro libre sobre la derecha del ataque tuerto, le dio la chance de poner el balón en la cabeza del colombiano Escobar, para que con certero testarazo abriera la cuenta para los fusionados. Sólo algunos minutos después, las ilusiones de Deportivo Maldonado se desvanecían, porque un nuevo error fatal de Pablo Forlán –quiso despejar de cabeza un balón que venía a 20 cm. del piso y lo frenó con uno de sus brazos– determinó el penal que Marcelo ejecutó magistralmente para poner el segundo tanto.

Por si quedara viva todavía alguna de las esperanzas fernandinas, Maximiliano Castro se hizo expulsar tontamente tras un golpe de puño al número diez violeta, dejando a su equipo con diez, e impulsando a su técnico Eduardo Acevedo a introducir una modificación: mandó a Alfaro a la cancha y sacó a Ximénez, el único jugador capaz de poder acompañar en la ofensiva de su equipo a Luigi Rodríguez. A esa altura del encuentro el resultado del mismo ya era cosa juzgada, y la única inquietud de los presentes en el Franzini era saber cuántos goles podría recibir el arco defendido por Carlos Díaz.

«El diferente», se fue del partido durante un rato, pero cuando decidió aparecer otra vez midió, apuntó, golpeó la pelota con su pie derecho y el esférico cayó justo encima de Pablo Hernández, para que el zaguero también aplicara un excelente cabezazo que terminó en el 3 a 0 violeta.

Cinco minutos emotivos y el resto mero trámite

Los últimos 5′ del primer tiempo fueron los más emotivos del encuentro, porque al gol de Hernández lo siguió casi enseguida una jugada de Luigi Rodríguez, que cuando se internó en el área fue derribado innecesariamente por el arquero defensorista Baleato.

Pablo Pallante puso desde los doce pasos el descuento fernandino, e inmediatamente el brasileño Eliomar, en brillante jugada personal, colocó la cuenta violeta en cuatro. El complemento estuvo totalmente de más, porque ya el «Ruso» Pérez no precisaba dejar el alma en cada tranque, porque el colombiano Walter Escobar ya había demostrado que reúne todas las condiciones para ser titular, y porque un Deportivo Maldonado totalmente inexpresivo dejaba totalmente aislado a Luigi en el ataque, sin posibilidades ningunas. Apenas si sirvió para que «El Mosquito» Sosa pusiera el quinto a los dos minutos, y para que Taborda mostrara a la hinchada un par de acciones, como anunciando que puede mejorar las pálidas actuaciones cumplidas hasta ahora en el primer equipo. Pero a diferencia de lo que muchos creían, este 5 a 1 deja varias cosas, entre ellas, deja destrozadas las ilusiones de los dirigidos por Acevedo de llegar a la Liguilla, pero fundamentalmente la confirmación plena, irrebatible, de que existen y existirán seres diferentes, y que por esa condición, no deberán ser criticados ni encasillados, y que es mucho mejor dejarlos libres. Aunque, es claro, sean más peligrosos.

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