La nueve tiene dueño
El fútbol tiene caprichos y casualidades difíciles de entender: hace quince o veinte días, nadie imaginaba siquiera que uno de los juveniles tricolores se iba a convertir en el dueño casi exclusivo de los aplausos de la Tribuna. Entre rumores de pases que repetían los nombres del «Chamagol», Gabriel García, el propio Florentín y ya asomaban los del argentino Pereira y Richard Morales, el juvenil Bruno Fornaroli no tenía lugar ni en el banco de suplentes y estuvo a punto de ser cedido a préstamo.
Insólitamente, el salteño se negó, prefirió esperar su chance en Nacional, hasta que un día vio la puerta abierta y se mandó. Cuando quiso acordar, entre asuntos reglamentarios y otras yerbas estaba en el equipo titular tricolor, nada menos que con el emblemático número nueve en la espalda.
En el debut fue de los pocos en rendir aceptablemente, anotó el único tanto del equipo y ayer se mantuvo firme en la formación titular, hasta que estuvo en el momento y lugar justos para romper el cero del marcador nuevamente, para marcar su segundo tanto en dos partidos. El festejo del gol, primero con loca carrera y luego saludando especialmente a las tribunas, le sirvieron para terminar de ganarse a los hinchas, como lo certifica la cerrada ovación que recibió al irse de la cancha. Ahora el dilema es para Carreño: la nueve tiene dueño, «El Tuna» Fornaroli.
La presencia goleadora del salteño opacó incluso los debuts tricolores de la víspera: los de Victorino, el paraguayo Florentín y Darío Ferreira como titulares, a los que se sumaron luego Perrone y Pereira. El argentino fue el único que le hizo sombra al nueve, gracias al mismo motivo, el gol; en su festejo, el ex Tigre festejó haciendo un claro ademán de estar firmando algo, refiriendo al tan polémico tránsfer que no llegaba.
Pero además de las caras nuevas, los tricolores presentaron también dos bajas: la de Pablo Caballero, que en la práctica del sábado sufrió una luxación de rodilla que le insumirá veinte días de recuperación aproximadamente, y la definitiva de Fernando Muslera, quien a último momento dejó su en el arco debido a que hoy viajará rumbo a Italia para incorporarse al Lazio.
Ante la noticia de última hora, Carreño convocó a Viera -que estaba entrenando con el grupo que no jugaría- y a Lucero Alvarez (iba a jugar en Tercera) para integrar el banco de suplentes.
Antes del partido los tricolores realizaron dos homenajes en el campo de juego: uno de ellos al ganador del concurso del nuevo diseño del carné social, que fue recibido por varios dirigentes, y el otro al «Chengue», quien ingresó con el gerente deportivo Daniel Enríquez. Este le entregó la camiseta número veinte, ante la ovación de la hinchada presente.
Nacional lució en la ocasión una camiseta diferente a la utilizada en el debut, esta vez con mangas largas pero casi sin publicidad (solo la de Turil en las mangas), mientras espera que se confirmen los sponsor para esta temporada.
Antes del juego se realizó un minuto de silencio recordando el fallecimiento del ex presidente de Peñarol José Pedro Damiani. Lejos de ser respetado, cientos de hinchas aprovecharon para entonar cánticos reprobatorios. Un despropósito.
Nacional celebró el buen estado del tiempo -pese al frío- reinante en la tarde, en función de los cerramientos provisorios que debieron implementar para recibir el espectáculo.
A los quince minutos del segundo tiempo se encendieron las luces de las dos torres de la Tribuna Atilio García, en una tarde que igualmente apareció bastante luminosa.
El técnico bohemio Jorge Goncalvez apareció verdaderamente «furioso» tras el primer gol tricolor debido a que su zaguero y capitán Egdar Martínez estaba fuera de la cancha debido a un corte en un labio. Estuvo varios minutos al costado de la línea de cal ya que los árbitros no lo dejaban entrar debido a la herida, todavía sangrante. *
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