APUNTES AL CARBON

"Apunten a los sin barba"

Han pasado 26 años.

Vaya que no es poco tiempo para el fútbol uruguayo. O sí.

La referencia apunta al tiempo transcurrido desde la última vuelta olímpica celeste a nivel de juveniles, al cabo cierre de una extensa nómina de consagraciones, desde el comienzo de estas competencias.

Venezuela fue el inicio del notable ciclo mantenido en un largo período, de manera consecutiva, cuando se trataba del único torneo de esa categoría que en realidad era de cuarta división que no de «cuarta» dicho de manera peyorativa.

Es que en realidad la edad tope era la de 18 años, por lo tanto, en aquellos tiempos emparentados con la década del 50, realmente eran «sin barba» los jóvenes futbolistas que asomaban a la consideración.

Y es así que desde 1954 fueron apareciendo los Pepe Sasía, Escalada, Roberto Sosa, Lagomarsino, Demarco, Eduardo Endériz –que emigró al Valladolid, casi que sin actuar en primera división–; Héctor Omar Ramos que recaló nada menos que en el Real Madrid, Julio Benítez en el Barcelona y así por el estilo.

Acaso la comprobación sea que, en menor medida, el fútbol uruguayo siempre resultó de ser un medio de exportación no tradicional, desde el fondo de los tiempos.

Claro está que con otra prudencia y circunstancias diferentes.

¡Qué lejano el momento en que una tumultuosa Asamblea de socios autorizó la venta de Schiaffino al Milán!

O sin ir más lejos, el mismo procedimiento para la venta de Francescoli a River argentino.

 

Más vale tarde que nunca

Hablando del Flaco, ídolo de los millonarios, fue uno de los protagonistas del último torneo juvenil, ganado por Uruguay ya con la referencia de una edad mayor pero con el mismo significado.

El Vasco Ostolaza, el Tano Gutiérrez, Zeoli, Carlitos Vázquez, Berrueta, Melián, Jorge Villazán, emulando la conquista de su hermano Rafael en Lima, López Báez, Fito Barán, Polilla Da Silva, Alexis Noble, Charlie Batista, el Gallego Ananía entre otros, integraban aquel plantel dirigido por el recordado Profesor Aníbal Gutiérrez Ponce, que no se las llevó de arriba en tanto y en cuanto, como no podía ser de otra manera, enfrentó enormes dificultades que empezaron por casa.

Es que a un proceso de preparación complicado, se agregó, ya en Ecuador, un lío de órdagos que suponía indisciplina, entredichos con los dirigentes de turno que encabezaban la delegación y otras lindezas por el estilo.

Tanto que, al igual que con la telenovela de las «papeleras», hubo de asistir un conciliador, que en este caso no era español, sino de neto cuño oriental.

El doctor Hernán Navascués, que de él se trataba, supo manejar la situación, viajando desde Montevideo a Quito, para encauzar lo que venía mal barajado, tanto lo logró que se llegó al título, con paseo e histórica goleada incluida, a la poderosa selección argentina.

Vale el largo preámbulo, habida cuenta de que en esta columna expresamos nuestra preocupación por el tema de las divisiones formativas, en función de las últimas actuaciones de corte internacional.

Más allá de la obtención de campeonatos, prendimos la luz roja por las diferencias que se van acentuando virtualmente con todos los seleccionados del continente.

A todos los niveles y categorías, con las recientes muestras de la Sub-17 y Sub-20, sobre las cuales se ha abundado intentando llegar a dichas causas.

Dios nos libre de soberbia al suponer que algún dirigente leyó esa crónica y actuó en consecuencia, pero lo cierto es que ya se manejan intentos de cambios en el tema y, fundamental, profundizar en vista de los lamentables hechos nombrados.

Diríamos que hay que cuidar la «gallina de los huevos de oro», por lo que resulta gratificante entonces escapar a la inercia de las excusas y ponerse a trabajar.

Más vale tarde que nunca.

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