El libro del Picaflor
–Picaflor, ¡qué golazo de media cancha se anotó ayer !
— ¿Le gustó?
–Impactante.
–Los muchachos estaban calientes. El equilibrista como llama el contador Damiani al number one de la Asociación también. La mayor satisfacción que recibió el plumífero en la víspera fueron dos llamadas telefónicas: una de un hombre que estuvo en la reunión y fue testigo silencioso de los hechos y otro que no había sido convocado –que no le correspondía– y se tomó la molestia de ubicar al Troquílido para felicitarlo.
–No me diga.
–Sí señor, humildemente, el hombre le dijo que lo felicitaba al plumífero porque es el único que se preocupa por estos temas de los cuales depende el futuro del fútbol.
–¿Alguna otra novedad?
—El Picaflor está siguiendo un tema que va a dar que hablar. Ayer se contactó con una persona que le adelantó que podía registrarse un hecho periodístico trascendente en el fútbol, pero le solicitó prudencia a la hora de barajarlo. El Picaflor investigó un par de pistas y comprobó que el asunto estaba muy verde. No valía la pena apurarlo en el horno porque iba a perder consistencia. ¿Decisión?… Quedó unos días más en la incubadora pero si se estructura bien, puede ser un golazo, de esos a los cuales el Troquílido tiene acostumbrado a sus lectores.
–Me comentaron que Figueredo está recontra caliente con el Kaiser; ¿será cierto?
–No le mintieron, echa humo como una locomotora del siglo pasado. Hierve de caliente porque dice que Passarella no puede salir a la prensa a expresar su disconformidad con sus patrones y muchos menos plantear una polémica innecesaria con el presidente de la AUF, previo a un encuentro trascendental como el que tiene la selección en Bolivia.
–Entonces, me la cantaron bien.
–Le cantaron la justa como le gusta decir a Don Jorge. El Picaflor escuchó una nota en el programa que están haciendo los Casal boys en Sarandí Sport, todas las tardes –es más de lo mismo de lo que hacen los domingos en el canal 29– donde Figueredo mostró las garras.
–No me diga.
–En un momento el entrevistador, que parece un émulo de Daniel Quevedo, el Negro Cubilla o Cascarilla Morales –se pasa levantando centro para que los invitados hagan goles de todos los colores– le preguntó a Figueredo si pensaba hablar con Passarella y le tiró la pelota para la tribuna.
–¿Qué le dijo, plumífero, qué le dijo?
–El presidente comentó al aire: «nosotros con Passarella hablamos poco. El después de los partidos se va a Buenos Aires. Nosotros nos comunicamos en forma permanente a través del gerente deportivo (Osvaldo Giménez), por lo que ahora no queremos perturbar el trabajo de la selección en Bolivia. Después de ese partido, cuando regrese Passarella, hablaremos con él»,comentó Figueredo a uno de los Casal boys.
–Caliente, como caldera de lata el hombre, ¿no?
–Muy caliente. Fíjese que Passarella se dio el gusto de volverle a mojar la oreja a los neutrales de la AUF y lo peligroso es que está cebándose y lo hace con relativa facilidad y frecuencia. Hace un mes y medio, le dio con todo a Iocco porque no respetó el pacto de honor que había acordado con todos los presidentes cuando arregló contrato con la AUF. En esa oportunidad, le pegó de refilón a los neutrales, pero le pegó. Ahora, otra vez dijo que Figueredo no lo había respaldado y el presidente de la AUF prefiere el silencio en vez de agarrar el toro por las guampas y cantarle las 40 de una vez por todas. No hay vueltas, cada vez que la selección tiene un partido trascendente, desde adentro, le cargan un problema más. Ocurrió antes del partido contra Paraguay, antes de Colombia, antes de Argentina, ahora antes de medirse con Bolivia. Menos mal que Garrido había editorializado tiempo atrás denunciando a los contras de siempre. Don Atilio, ¿los contras de la selección no estarán adentro mismo de Tenfield y de la AUF?
–Andaaá.
Compartí tu opinión con toda la comunidad