El Libro del Picaflor

–Troquílido, ¿qué le pasa que está caliente como caldera de lata?

–Nada, nada; gajes del oficio.

–Usted es como serrucho de goma, va y viene pero no corta nada.

–¿Está de chistoso hoy?

–Como lo veo belicoso, vayamos al grano, ¿tiene alguna bombita para hoy?

Una noticia de carácter social que tiene pinceladas interesantes porque demuestra cómo se manejan las relaciones públicas en nuestro fútbol. Contrariamente a lo que muchos piensan, hay dirigentes del Interior del país que han sido muy bien adiestrados, aprendieron la lección enseguida y ponen en práctica ese bagaje de conocimientos que le han transferido los popes de la capital.

–Cuente, cuente.

– El pasado sábado se llevó a cabo en la ciudad de Tacuarembó una fiesta social impresionante. Hubo como 1.000 invitados en la oportunidad.

–¿Quién se casó?

–No, fue el cumpleaños de la hija del presidente de Tacuarembó, profesor Wilson Ezquerra. Fue el acontecimiento social más importante de la capital departamental por la cantidad y calidad de los invitados. Más de uno comentó en la fiesta: «Si estuviera El Picaflor, qué cantidad de chimentos que podría conseguir».

–El Picaflor no fue pero igual estuvo presente, ¿no?

–Varios informantes dijeron presente y se tomaron el trabajo de recoger apuntes para el Troquílido.

–¿Usted le paga sueldo a sus informantes?

–Trabajan a destajo por la satisfacción personal de aportar luz al cada vez más oscuro negocio del fútbol.

–¿Quiénes estaban?

–El único neutral que se hizo presente fue el doctor Daniel Pastorini, a quien en Tacuarembó se lo reconoce como el padre del proyecto futbolístico que hoy es la revelación del Campeonato Clausura. Como no podía ser de otra manera, Pastorini dijo presente y acompañó a su amigo Ezquerra en la fiesta inolvidable de su hija. Figueredo había sido invitado pero no concurrió, lo mismo que los integrantes de la Mesa Ejecutiva de Primera División. Entre las personalidades presentes estaba el ex presidente de Nacional Ceferino Rodríguez, quien es muy amigo del presidente de Tacuarembó, un dato que pocos conocían.

–¿Estuvo buena la fiesta?

–De alquilar balcones… Entre los invitados hubo un par de ellos que llamó poderosamente la atención, primero que hubieran recibido la distinción del anfitrión y segundo que, definitivamente, hayan recorrido los 800 Km (ida y vuelta) para tomarse unos importados y comerse unos sólidos, como dice el flaco Omar Gutiérrez.

–Siga, siga.

–Según apuntó uno de los amigotes del plumífero, entre las personalidades que fueron a la fiesta estaba el árbitro internacional Gustavo Méndez, quien estuvo acompañado por su señora madre.

–¿Gustavo Méndez?

–Sí señor. El Picaflor estuvo hurgando en el Colegio de Arbitros y se enteró que había solicitado a los miembros del cuerpo que lo designaran para el partido Frontera – Liverpool el pasado domingo, porque había sido invitado por Ezquerrra para el cumpleaños de su hija y no quería faltar.

–¡Maestro!

–Méndez es reconocido entre sus pares porque es un Master en Relaciones Públicas. El sabe muy bien que es tan importante impartir bien justicia dentro de un campo de juego, para hacer carrera, como codearse con el poder político para estar protegido de las contingencias… Otro señor al que se lo vio en la fiesta fue Romeo Fernández, miembro de la Comisión Técnica del Colegio de Arbitros, a quien se lo vio con el doctor Jorge Urcelay, actual secretario del Colegio, que es un hombre de Tacuarembó.

–Ahora entiendo algunas cosas.

–Bueno, bueno, pero no diga nada porque El Picaflor está metiendo el pico en un asunto y capaz que usted hace ruido y la perdiz remonta vuelo. ¿Usted me entiende?

–Silencio en la sala, el jurado tiene la palabra.

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