HISTORIAS DE LA COPA

Dulce venganza

Sábado 14 de julio de 2007 | 11:31
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El Campeonato Sudamericano jugado en Guayaquil en diciembre de 1959 y ganado por Uruguay en forma invicta, cerró con la consagración, la herida abierta que tenían los celestes y se arrastraba desde el anterior certamen jugado en Buenos Aires y ganado por Argentina.

Los nuestros no habían registrado una buena actuación y para colmo, fueron protagonistas de una descomunal pelea con los brasileños cuando se enfrentaron ambos seleccionados, participando todos los futbolistas, incluidos los suplentes y hasta los auxiliares técnicos.

Un papelón que aumentó el volumen negativo en aquella instancia. Pero la revancha llegó en el fin de año ecuatoriano con una actuación estupenda y el título que volvió a las vitrinas de 18 de Julio y Vázquez, que no era otra la sede de la añeja Asociación Uruguaya de Fútbol.

Vayan al respecto, apuntes que pintan la realidad del momento y generan las respectivas conclusiones, sobre todo en estos tiempos que corren de tanta cháchara barata, discursos conceptuales de poca monta y nula sustancia y, lo fundamental, escasos resultados positivos en el ámbito internacional.

Los dirigentes establecieron un seleccionador único que fue Ricardo Lombardo, connotado dirigente y periodista, vinculado al Club Atlético Defensor. Luego es el turno de la nominación del técnico, recayendo la misma en Juan Carlos “Nino” Corazzo, de prolífica trayectoria como jugador, con inicios en Sud América y pasajes por el seleccionado, causó furor integrando una famosa línea media en la cual era centro medio junto a Ferrou y Armiñana, trío que pasó a jugar por Independiente de Avellaneda, para lograr de manera consecutiva el título de campeón argentino.

Corazzo, que no era otro que el abuelo del futbolista Diego Forlán, también cumplía las funciones de preparador físico, y por supuesto, no existía el cargo de ayudante de campo o técnico alternativo como se estila decir y tampoco entrenador de arqueros.

Al decir de un integrante de aquel equipo “que querés, quién le iba a enseñar algo a Roberto Sosa, si se había entrenado con el Canario Aníbal Paz, un monstruo que reinventó el puesto de arquero. ¿Viáticos? Ni viáticos, ni premios, ni medallas. Nunca cobramos un mango por ganar en Guayaquil y si queríamos comprar algún regalito teníamos que robar porque nadie tenía un “sope”; ¿cómo festejamos? No festejamos, hicimos la valija y nos vinimos de regreso a casa con la misión cumplida.

Fuimos campeones y quedamos a mano con todos los próceres que nos miraban “medio torcido”, desde las fotos con los cuadros uruguayos consagrados como los mejores en cuanto lugar jugaron”. Esto último nos lo dijo el ex crack esbozando una sonrisa socarrona agregando que “hace poco me encontré con un ‘peso pesado’ e la dirigencia y le dije que sería bueno hacer un lunch y que nos dieran una medalla a los que vamos quedando, porque ya se murieron unos cuantos. A los pocos días me llamó y sabés lo que me dijo? Tengo una medalla para vos. Le pregunto: ¿y la de los otros compañeros? No, no tenemos, pero para vos sí. Habrás adivinado cuál fue mi respuesta.”

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