Colombia hizo el duelo, se lame las heridas y quema las naves en la Copa

La selección colombiana de fútbol hizo el viernes un rápido duelo por la paliza que sufrió ante Paraguay (5-0) al debutar en la Copa América de Venezuela-2007 y se entrenó a puertas cerradas, lamiendo sus heridas y forzada a quemar las naves contra Argentina el lunes en la segunda fecha del Grupo C.

Un ambiente de velorio podía percibirse en la práctica matinal de los cafeteros, iniciada un par de horas después del amanecer, para evitar el sol abrasador del occidente venezolano, aunque después mejoraron los ánimos.

«Nos vamos a recuperar anímicamente. Contra Argentina nos jugamos el todo por el todo», comentó el defensa Amaranto Perea, de Atlético de Madrid (España), al terminar la primera sesión de adiestramientos.

Los colombianos, que jugarán el lunes contra los favoritos albicelestes en Maracaibo, se marcharon luego al hotel sin que se escucharan expresiones en voz alta de los pocos compatriotas que presenciaron el adiestramiento.

El DT Jorge Luis Pinto les habló a los jugadores, pero la catarsis se produjo luego en una sala de conferencias del majestuoso hotel Maruma, donde admitió que «se harán ajustes», sin dar más detalles.

En cambio, Pinto se ocupó en reafirmar que no está dispuesto a modificar su ideario futbolero, al advertir que «nadie piense ahora que voy a cambiar el sistema de juego».

Sin embargo, versiones de pasillo en el hotel señalaban la tarde del viernes que precisamente Amaranto Perea entrará como titular en la zaga colombiana, en lugar de Javier Arizala, jugador de Tolima y reemplazado por Vladimir Marín durante el juego contra Paraguay.

Otro cambio que cobraba fuerza entre los allegados al plantel era el del ingreso de Macnelly Torres, del Cúcuta Deportivo, por Alvaro Domínguez, como sucedió también durante el encuentro del jueves en el estadio ‘Pachencho’ Romero.

Domínguez fue quien tuvo la mala fortuna de rematar un tiro penal a los 25 minutos como si le hubiera pegado al balón con un diario mojado, facilitando la atajada del paraguayo Justo Villar, cuando el resultado estaba cero a cero, en un partido que parecía normal.

«Las alegrías y las tristezas en el fútbol no pueden durar más de 24 horas», disparó el arquero Miguel Calero en la rueda de prensa junto a Pinto, en otra demostración de que los jugadores parecían darse aliento a sí mismos antes que convencer a otros de que el trauma estaba superado.

Pero la tarde del viernes los jugadores volvieron al campo denominado La vereda del Lago, a orillas del espejo de agua en cuyo interior fueron descubiertas riquezas hidrocarburíferas que han marcado la historia de este país. *

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