Prohibido jugar

No resulta ningún descubrimiento señalar que el deportista debe competir constantemente si quiere crecer, si intenta mejorar sus conocimientos y por sobre todas las cosas si no quiere desaparecer.

Lamentablemente en nuestro fútbol existe una determinación que no consta en actas, que no está escrita, que nadie la dice, pero que está vigente. Esa determinación establece que varios jugadores de gran nivel no pueden jugar, no hacen lo que les gusta: vestirse de jugadores de fútbol, salir los domingos a la cancha y demostrar sus condiciones.

Ejemplos que rompen los ojos son muchos. Antonio Pacheco es uno que ha ganado notoriedad en los últimos meses. Dejó de jugar en el Apertura, se despidió y todos los que sostenemos que el pequeño delantero es un gran jugador; nos preguntamos: ¿Por qué está colgado?, ¿cuál es la razón para que no juegue?, ¿para qué y por qué lo compró el desconocido holding? Todas son interrogantes que no se contestan. El popular Tony ve que se le van las horas, los días, los meses y con angustia observa que los domingos está de particular sentado en la tribuna.

Otro caso es el de Pablo García. El mejor jugador de Uruguay en las Eliminatorias. Sigue sin equipo. Parece un chiste. Con lo que se está jugando Uruguay, es increíble que el muchacho de Suárez siga sin saber a dónde va a jugar. Lo de García ya es algo que no soporta ningún análisis. García estuvo en el Atlético Madrid y sólo jugó algunos partidos aislados en su filial el Atlético Madrileño, recuerdo una rueda con Peñarol en el 98 como algo continuo. Hoy se dice que va a jugar en el Milan, hasta ahora ni apareció en Internet como posibilidad remota. Los días se van, los meses pasan volando y si el patrón de Uruguay no juega, no sé que va a ser del futuro celeste.

Leonel Philipaukas, estupendo jugador, también está de «paro», recorrió el mundo, el «Pilhi» como le llama la parcialidad papal, desapareció. Apenas un par de partidos en el Atlético Madrid, que parece ser la tumba de los cracks, y luego volvió para ir todos los domingos de particular a ver a su querido Bella Vista. Philipaukas era uno de los jugadores con más futuro del balompié celeste, hoy no juega y no se sabe, para colmo de males, cuándo volverá a competir en serio.

Para mí, el jugador junto a Recoba y al Nico con más futuro del fútbol compatriota, es Marcelo Zalayeta. Lo mismo que en la situaciones anteriores, no juega, no compite, está anclado en Sevilla y ni siquiera está en la lista habilitada para actuar en la Segunda División española. Este es un caso claro de «arrebatar el asado». Se lo llevaron de «pichón», le faltaron un par de temporadas más en Peñarol, de experiencia y ahora está la triste realidad.

Zalayeta es un jugador fundamental para clasificar, pienso lo mismo del Tony Pacheco, pero al no jugar, al estar parado, se debilita su chance de ser convocado.

Muchas serán las razones que se pueden esgrimir para explicar el ostracismo del popular «Zala», pero entiendo que todo se debe al apuro de negociarlo a Europa cuando aún no estaba pronto. Existen algunos casos más como el de Pelegrín, –¿dónde está, sigue jugando, que pasó?, todas preguntas sin respuestas.

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