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La Copa de las sorpresas

Escrito por: RUBEN OLIVERA

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Las instancias decisivas de la Copa Libertadores de América nos están deparando una sorpresa.

No sólo a nosotros, sino al resto del mundillo futbolero del continente.

Es que, lamentablemente, se hacía un común denominador, salvo escasas excepciones en las últimas dos décadas, que los equipos que participaban representando a nuestro país ni siquiera superaran la primera fase.

Peor aun, algunos tampoco podían con la “pre” Libertadores, una especie de repechaje, otorgado por diferentes circunstancias de clasificación. En concreto, luego de los resonantes triunfos de aquellos equipos utilitarios de Peñarol y Nacional, campeones en las ediciones de 1987 y 1988, conducidos por Tabárez y Fleitas, no ha lugar a festejos.

Ni tan solo jugar finales o estar en la conversación.

Nada. Fuera. Out. Niente piú. Dicho sea de paso, ¿qué será de la vida de Roberto Fleitas? ¿Desapareció de los lugares que solía frecuentar? ¿Tendrá algún impedimento de tipo intelectual que lo descarta para ejercer la dirección técnica? ¿Se habrá dedicado exclusivamente a la política? Digamos que ninguno de estos interrogantes es correcto. Fleitas vive y goza de buena salud, más aun, hemos disfrutado más de una vez en estos últimos tiempos de esas charlas rebosantes de sustancia, que van más allá del fútbol para entramarse con un modo de vivir y sentir de nuestra gente. Digamos que aquel sólido zaguero de Liverpool y alguna vez la Selección, devenido técnico con varias vueltas olímpicas en el lomo (ascensos con Central y Progreso, Campeonatos Uruguayos, Copa Libertadores y del Mundo con Nacional, Copa América con la Selección) interpreta de manera cabal nuestra idiosincrasia. La identidad de este pueblo plasmada en el campo deportivo. Claro, este hombre nunca echó en saco roto las raíces de nuestra historia, sabiendo escuchar y acudiendo cuando se hizo necesario, al consejo de los Juan López, Ondino Viera o Hugo Bagnulo.

Las tertulias del desaparecido boliche de Carlos María Ramírez y Pedro Visca, donde tenía su destino el “128″, junto a su inseparable compadre el Chino Vera, dieron fe de su sapiencia, olfato futbolero y temperamento, adquirido este último más allá de los genes, en la dura lucha de la vida que desde chiquilín le tuvo en el “trille” del laburo que no le hizo asco a ninguna tarea. Desde correr los diarios a “hombrear” bolsas en los galpones laneros de la calle Rondeau.

Y la historia gloriosa del fútbol celeste está lleno de esos ejemplos. A saber, un Nasazzi forjador del impenetrable mármol. Un Vasco Cea repartidor de hielo. Aníbal Paz o Máspoli haciendo zanjas a pico y pala para enterrar los cables de la UTE. Y para muestra valen estos botones. ¿Y entonces, porqué no dirige en nuestro medio? Chi lo sá.

 

Pobre fútbol uruguayo

Y valen estas disquisiciones, más allá de que la idea original del editorial apuntaba al agradable presente de ostentar la presencia de dos equipos de la AUF entre ocho, cuando arrancaron en las distintas series treinta y dos, con media docena, por ejemplo, que representaban a Brasil y Argentina.

Dicho sea de paso, de este último país sólo queda Boca, acrecentando el mérito de Nacional y Defensor Sporting, a la vez que desnuda la decadencia del promocionado fútbol de allende el Río de la Plata.

Vaya dicho esto sin quitar mérito a las actuaciones de nuestros equipos, que lo tienen en enorme proporción.

Sí claro, es duro asumir que ahora aplaudimos lo que antes nos dejaba de ceño fruncido. Porque acostumbrados que estábamos a definir cuanto torneo hubiera en el continente (y ganarlo seguido) hubo que adecuarse a tiempos de vacas flacas, enfrentando a medios cada vez más poderosos mientras se desangra lastimosamente el viejo y querido fútbol uruguayo. Intrigas palaciegas y empresariales. Celos. Envidias. Ineptitud de la dirigencia. Sin embargo, “sigue dando criollos el tiempo…”. El semillero todavía resiste. Pruebas al canto. Los Cáceres. Maxi Pereira. Martín Silva. Navarro. Ithurralde. William Martínez. ¡También con ese nombre! como para no “romperla” jugando de zaguero. Y los Caballero, Viana, Cardaccio (otro con bruto “apelativo”). Y la referencia hace a lo pergeñado in vitro por los laboratorios de Pichincha y Los Céspedes. Pero también vale el presente de un Jorge Martínez o el prospecto del Flaco Muslera. La proyección de Godín. Claro, en un santiamén todos los nombrados y los que vienen asomando, desaparecerán del mapa futbolero de nuestras canchas, porque así lo exige la necesidad empresarial, que generalmente no contempla la de los clubes, la Asociación Uruguaya de Fútbol o la del propio futbolista en tanto y cuanto es deseable un crecimiento y madurez a nivel deportivo y humano. Y eso no se compra en la farmacia. Mientras tanto, resignados que estamos a esta realidad, disfrutemos de las resonancias actuales. Estar en cuartos de finales es mejor que no pasar la primera fase. Y al decir de Jorge Da Silva no hay que perder tiempo en sacar cuentas. Según el técnico violeta, lo mejor es disfrutar este momento. Y ya es bastante para este pobre fútbol uruguayo. *

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