El mandado
por Enrique Yanuzzi
El árbitro brasileño cumplió con su cuota. Seguramente este desconocido Pereira, va rápidamente a escalar en la consideración del Comité de Arbitrajes de la pomposa Confederación Sudamericana de Fútbol.
No soy de los que me gusta explicar todo, a través de un mal arbitraje, pero en algunas oportunidades los mismos son fundamentales para lograr objetivos que a priori son complicados.
Primera cosa que surge de lo que nos está pasando, es la poca defensa que tenemos a nivel de designación de jueces, para los partidos decisivos que afronta nuestro fútbol en los últimos meses.
Por ejemplo, es conocido que el señor Marcio Rezende es un juez que permanentemente favorece a la selección o a los equipos argentinos, esto se puede comprobar en los partidos que dirigió a esa selección o equipos porteños en la Libertadores.
También se sabe que el «sargento» Giménez es un profesional, que en la duda siempre perjudica a Uruguay. Ojo con Elizondo, es otro de los que es mejor perderlo que encontrarlo.
Este desconocido Ecildo Pereira, llegó al Centenario sabiendo que si Nacional ganaba, quedaban por el camino, por lo menos, dos equipos brasileños y la verdad que el mandado lo hizo y de qué manera.
Nadie miró las tablas, ni los dirigentes de Nacional, ni los uruguayos en la Confederación, al caso el vicepresidente, o el señor Juan Daniel Cardelino, que está directamente vinculado con la designación de los jueces para los partidos.
¡Cómo se iba a designar a un árbitro brasileño en un partido donde había tantos intereses en juego que rozaban indirectamente a equipos de su país!
Los errores fueron groseros y marcaron el resultado final del partido.
Por ejemplo, lo más grande de todo fue la falta que inventó de Regueiro, antes del gol de Omar Pérez. En el penal todo es muy rápido, pero en la falta «soñada», el señor Pereira cobra algo que no existió, inventa una falta para anularle el gol que valía el triunfo.
En el penal, también el señor Pereira se «come la pastilla» y no sanciona algo que fue muy evidente. Para colmo de males, el juez estaba pegado a la jugada.
Si uno repasa los dos últimos arbitrajes «brasucas», el de Núñez con el fino Rezende y este último del desconocido Pereira, es hora de hacer algo.
Uno no pretende que lo favorezcan, pero tampoco puede aceptar que el fair-play, sólo se vea cuando los equipos entran a la cancha y llevan la banderita amarilla cinco botijas.
Los dirigentes de Nacional deberán ser tan críticos, como lo fueron con Larrionda el año anterior, donde el error de buen árbitro uruguayo no tiene nada que ver con los groseros errores de este desconocido Pereira, que no sólo se hizo conocer, sino que a partir del miércoles de noche, comenzará a trepar en la Confederación de la mano de sus compatriotas, que en definitiva son los que cortan la torta.
Por supuesto que todos nos damos cuenta, que en la Confederación «estamos pintados».
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