El deporte, una forma de vida
Los niños suelen hacer del deporte una forma de vida y se entregan tanto a éste que los hinchas se maravillan al verlos jugar.
Padres, entrenadores y dirigentes tienen la obligación de brindarles infraestructura donde los niños tengan la posibilidad de desarrollar sus habilidades y canalizar sus energías en el fútbol infantil. En el Uruguay somos todos técnicos y nos parece que tenemos más de tres millones de ideas para ganar un partido, pero claro, a veces nos olvidamos que queremos aplicar esas ideas en un partido de baby fútbol y que seguramente va acompañada de una presión hacia el niño. Esas ideas «ganadoras» llevan a que muchos buenos deportistas queden marcados psicológicamente a temprana edad, porque se sienten «incapaces» de satisfacer las insaciables expectativas de sus padres, su entrenador o sus seguidores. Es por eso que una cantidad de niños sufren una sensación de fracaso en los deportes y su autoestima se desploma y dejan de practicar el fútbol y tampoco intentan practicar otro deporte. A pesar de esta problemática en el fútbol infantil, éste sigue siendo uno de los agentes socializadores más significativos en nuestro país, teniendo en cuenta que más de 300.000 personas se movilizan alrededor de este fenómeno y en donde muchos niños encuentran la contención que la familia no les brinda.Por eso no tenemos que tomar este deporte de niños como canalizador de nuestras insatisfacciones sino que se trata de darle a los más bajitos un ámbito donde se encuentren a sí mismos, donde aprendan a trabajar en equipo, a compartir, a disfrutar de los triunfos y también aprender a asimilar los resultados desfavorables, porque tampoco debemos olvidarnos que se trata de una competencia, y si logramos esto, seguramente el baby fútbol será en cada niño una experiencia inolvidable.
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