Gracias Milton
Desde las cinco de la tarde ya había gente en las afueras del Aeropuerto Internacional de Carrasco. El público se arrimó de a poco, y el gran corredor Milton Wynants llegaba desde el cielo para encontrarse con un recibimiento al mejor estilo uruguayo. Milton, el «Gorra», que soñaba con estar entre los primeros diez lugares, en los Juegos Olímpícos, no se podía imaginar lo que le estaba esperando en su paísito, el de Nazzasi, del Negro Jefe, de Atilio Francois, y de tantos otros grandes que escribieron nuestra historia con letras de gloria y tinta de hazaña. Sinceramente me voy alejar de la óptica del periodista y le voy a contar el sentimiento.
Ni el que ama el ciclismo más que a su vida podía ser tan optimista de pensar que las calles estarían llenas de uruguayos embanderados esperando a un ciclista. Pero sí, fue algo realmente indescriptible. Mientras se llevaba a cabo la conferencia de prensa en la Base No.1 de la Fuerza Aérea, la gente se instalaba de tal forma en Avenida de Las Américas que contagiaba alegría. Autos embanderados con los colores danubianos, ni que hablar de los tricolores, y el infaltable camión con los tradicionales tamboriles poniendo color y calor al Aeropuerto con ese sonido que nace desde el estómago, da ganas de mover la cintura y bailar donde sea.
Permítame que compare con aquél recibimiento de los juveniles de Malasia, más allá de que las comparaciones son odiosas, pero, puede ser una situación similar, ya que nadie daba nada por aquellos muchachos que se fueron a un Mundial, escasos de preparación y se trajeron un vice campeonato. Y mire usted lo de Milton Wynants fue algo más o menos parecido. Sin embargo, se llevaron lo único realmente necesario; la sangre y el valor para conquistar lo que parecía imposible. Brindando al deporte y al pueblo uruguayo la alegría y la confianza necesaria para seguir creyendo y apoyando.
Llovizna plateada
El público ansioso, esperaba el momento sublime de ver a Milton, y así fue, el poder admirarlo, mostrando su medalla de Plata, fue realmente emotivo. Si habrá sido así que hasta el cielo se emocionó, y de a poquito la lluvía color plata se hizo presente.
No fue impedimento para que Uruguay se volcará a la calle. La caravana comenzó su marcha y a medida que avanzaba, el público se acercaba a las calles, con banderas, gorros, las manos en alto saludando al corredor y las sonrisas en los rostros ilustraban la alegría dormida que despertó el «Gorra».
Los carteles en Avenida Italia agradecían y saludaban al ciclista.
«Gracias Milton, familia Wynants» fue uno de los tantos que nos llamó la atención.
Mientras en plena marcha el vicecampeón comentaba: «Estoy muy contento, no me imaginaba que iba a ser así con tanta gente en las calles. Quería estar rápido en Uruguay para compartir con ustedes esta alegría, en Sydney sabía del apoyo de la gente pero esto es bárbaro».
Palabras que hacían erizar la piel, que demuestran su humildad y enseñan que la grandeza está dentro de uno. Enseñanza a dónde llegan los que realmente lo merecen y se esfuerzan.
Fue muy lindo ver en la calle gente que en realidad no entiende mucho de lo que es el ciclismo, que no sabe del sacrificio del día a día, pero siente el placer y la emoción de compartir alegrías deportivas.
La caravana se deslizó por Avda. de las Américas, Avda. Italia, Avda. Américo Ricaldoni culminando en el Velódromo Municipal.
A medida que se ganaban kilómetros el público se sumaba y la alegría crecía. Todos se acercaban a los diferentes cruces y al pasar por la Seccional 14, se podía apreciar a los policías en el hall del establecimiento observando la caravana.
En los balcones de los diferentes edificios los montevideanos saludaban y gritaban retribuyendo al corredor algo de lo que tanto les brindó.
El ómnibus donde viajaban los ciclistas del Club Nacional de Fútbol, no paraba de saludar a su público. Las banderas de Peñarol también se mostraban al paso del corredor, demostrando que no había partidarismos, todo era fiesta. Ayer Uruguay renovó las esperanzas de seguir adelante.
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