La resaca olímpica
Tras la fiesta más grande de la historia de la ciudad, Sydney despertó con una resaca olímpica colectiva. Casi dos millones de personas asistieron a los gigantescos fuegos artificiales que clausuraron los Juegos Olímpicos. A través de la prensa, Sydney se celebra una vez más a sí misma. Los tres diarios que se editan en la ciudad titularon casi con las mismas palabras: «The best Games ever» (Los mejores Juegos de la historia). Así los describió Juan Antonio Samaranch en la ceremonia de clausura de los últimos Juegos Olímpicos de su mandato al frente del Comité Olímpico Internacional (COI). La mayoría de los habitantes de Sydney aprovechó el feriado para dormir y recuperarse de la fiesta, que en muchos casos alcanzó dimensiones olímpicas. A pesar de que la celebración causó considerables problemas de transporte, todo se desarrolló en calma y la Policía informó sólo de dos detenciones. Muchas personas tuvieron que esperar horas para volver del centro de la ciudad a sus casas. Los embotellamientos se trasladaron ayer al aeropuerto, donde la nadadora Leah Martindale de Bahamas expresó lo que muchos pensaban: «Por un lado, es bonito volar de regreso a casa. Pero también sería lindo quedarse. Estos Juegos fueron extraordinarios». En el aeropuerto se manifestó nuevamente la amabilidad de los anfitriones, que fueron en definitiva los responsables de que los Juegos hayan tenido un éxito tan extraordinario. Voluntarios repartían caramelos, una banda tocaba música y artistas callejeros entretenían a decenas de miles de atletas, espectadores y periodistas que hacían largas colas para facturar sus equipajes. Uno de los asuntos que volvió a la palestra gracias al evento olímpico es la reconciliación entre las razas. En la ceremonia de clausura, esto volvió a demostrarse a todo el mundo. De todas maneras, el próximo gran evento que vivirá Sydney ya está muy cerca: los Paralímpicos, que comienzan el 18 de octubre. A velocidad de vértigo, las instalaciones olímpicas deben ser reformadas, para dar la bienvenida a 4.000 deportistas discapacitados de 125 países. Todo indica que los habitantes de Sydney enfrentarán los Paralímpicos con el mismo entusiamo que los Juegos Olímpicos. Cuando queda poco más de dos semanas para su inauguracián, ya se vendieron más de 600.000 entradas.
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