OPINION

Hijos y entenados

En el último mes apareció una campaña de todos a «pegarle» a Pablo Viera. Se juntaron tres actos diferentes, y el popular «Cabeza» pasó a ser el malo de la película.

Repaso cada uno de los problemas y llego a la conclusión de que sin dudas es un jugador difícil, complicado, pero como los hay muchos. Claro que de repente Viera tiene menos nombre, menos respaldo popular, y por eso es castigado por el ambiente.

No quiero confundir en esta columna. Viera es difícil, es complicado, pero como hay muchos más y peores también que cuentan muchas veces con la «complicidad» de los jueces para actuar en una cancha y como juegan en equipos candidatos o que llevan mucha gente no son juzgados igual. En el duelo ante Losada, el agredido es Viera. ¿De qué debemos hacer responsable a Viera?

De que ganó de visita y que cuando se iba de la cancha Losada lo encaró para invitarlo a pelear y lo apretó con el respaldo de 20 hinchas atrás. ¿Dónde está la culpa de Viera? En hablar adentro de la cancha, en intentar sacar ventaja. ¿Es el único, acaso? ¿O Galeano, Jhony Rodríguez y Silveira no son jugadores duros, y acaso Losada, Rovira, Vacca, Juliano, Marcelo Pérez, Gastón Páez, etcétera? Si siguiera buscando de los que jugaron el Clasificatorio la lista crecería: a todos estos jugadores les gusta hablar, bajar una mano, y están permanentemente en entreveros con rivales o jueces. Eso no significa ser mala leche ­que, ojo, algunos hay, aunque quizás no todos los que integran esta lista­, pero sí coincidamos en que son jugadores complicados. El mayor error de Viera fue su reacción ante Vacca. Con respecto a lo ocurrido ante Rovira, no es clara la intencionalidad de Viera. Rovira lo agarra, no lo deja moverse y en el intento de zafar, Viera le pega con el codo y liga tan mal que lo corta: si no quedaba simplemente en una anécdota. No fue un golpe en que claramente se observe la intencionalidad. Pero claro, en este momento lo más fácil es pegarle a Viera. Ahora, en el mismo partido Silveira cae ante el propio Viera con sus pies encima del cuerpo y nadie dice nada. No hubo sangre.

El «Bicho» tiene más prensa, tiene más títulos, está en un equipo de punta, y ha sido un jugador «protegido» por el ambiente por ese «ángel» especial de que él dispone. Su lucha, su entrega, su evolución, llevó a que generara un carisma especial, gracias al cual se le perdonan situaciones puntuales.

No se trata esta columna de una simple defensa a Viera, sino de ser más justos y de confirmar que existen hijos y entenados. *

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