Otro complicado

Cuando Nacional empató con Corinthians señalé que se había complicado. A su rival eterno le pasó exactamente lo mismo: se complicó; su clasificación corre riesgo y ya no depende de sí mismo.

Peñarol lo tuvo. Fue dueño del partido. Lo dominó y lo fue ganando. Todas verdes. Pero, sucedió lo de siempre. Cuando un equipo no cierra el partido, lo va ganando por la mínima ventaja, corre el riesgo constante del empate que en definitiva es una penitencia.

Eso fue lo que pasó. El resultado es mentiroso, pero en definitiva Atlético Mineiro se lo llevó para Belo Horizonte.

Buenas y malas

Fue lo que mostró el primer tiempo carbonero. Empezó con todo, dominando el partido. Otro muy buen trabajo de Marcelo Romero, bien secundado por Nicolás Rotundo, una de las grandes figuras carboneras.

En los primeros cuarenta y cinco minutos, el dúo del fútbol de Peñarol, Cedrés y Bengoechea no funcionó. Esto lo sintió el mirasol. Igualmente con la vieja y querida fórmula para Peñarol, la pelota quieta, consiguieron vía un golazo de Romero la apertura.

Ya en ese primer tiempo, Peñarol no supo liquidar el partido.

Varias veces lo tuvo y no lo aprovechó. Eso en el fútbol de la alta competencia es letal. Finalmente el resultado del partido iba a confirmar esto último.

Muy buen segundo tiempo

Como pasó en las otras presentaciones locales en la Mercosur 2000, Peñarol realizó un muy buen segundo tiempo. Lo sorprendió el empate del Mineiro, pero rápidamente vino un verdadero golazo del «Beto» Romero. Un bombazo al mejor estilo de los grandes «bombarderos». Gran pase de Bengoechea y el nueve la clava en un ángulo. La clasificación y «la guita» estaban a la vuelta de la esquina. Además al buen trabajo de Rotundo y Marcelo Romero se le sumó un notorio repunte en el fútbol de Cedrés y Bengoechea. Aparece la noche de Franco. Imparable. Hace una gran jugada el moreno y el palo le dice no, se lo pierde Romero, luego otra vez Franco y así el partido se repite y no se cierra. Romero, el goleador, no está para noventa minutos, se le nota cansado, pide el cambio y Julio Ribas hace ingresar a Giacomazzi. Cambio resistido. En lo personal comparto la intención del técnico. Peñarol ganaba, dominaba el partido, veía que no se le daba y lo quiso asegurar.

Giacomazzi entró bien, tuvo una chance que se la prohibió el arquero y metió buenos pases.

El partido no lo empata Ribas, lo empatan los jugadores que no liquidan el pleito y una falta de atención que se da por la derecha entre Cafú y Rotundo que pierden la pelota.

Luego viene la carambola fatal, hierro horizontal, espalda de Serbia y la clasificación con la «guita» se alejaron.

Ahora, habrá que ganar en el Nuevo Gasómetro del Bajo Flores porteño y esperar las cuentas finales con la calculadora en la mano.

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