Apuntes al carbon

Arroyo Grande, García Morales y San Fructuoso

Tres calles. «Tres cruces». Con el aditamento, para este cronista, de la última de las vías nombradas, que pasada que era Agraciada nos depositaba en la vieja sede del Montevideo Wanderers, donde en el añejo frontón hacían maravillas con la pelota vasca los múltiples campeones del Mundo Bernal e Iroldi. César y Néstor. El Perro y el Negro. Dos fenomenales deportistas que hacían honor al apelativo del cuadro albinegro.

 

Más «bohemios» que ese dúo…. difícil para Sagitario.

Allí nos fichamos a fines de la década del 60, junto a Carlitos Graña, el Negro Carbone, Alfredito Corbo, los Castelnoble, el Tarta Vanrell, el Pelado Bita, entre otros que ya alternaban en Tercera y reserva como Ernesto Guerrini, Marito Núñez, el Gordo Rovella, Chichí Pérez o el Gallego Leal.

Los planteles los manejaban Rafael Milans, el Gordo Coll, Carlos Silva Cabrera y el «profe» Henry Tejera, en tanto en Primera división tenían su lugar figuras de la talla del Gallego Taibo, el Púa Novasco, el querido y militante Bocha Lagomarsino, el Brasilero Beico (que le pegaba con un fierro), Julio Toja, Nelson Díaz, Panchito Cámera, el Ruso Hermín, el Perro Roldán, el rosarino José Poy (¡flor de centrojás!), el Tano Bertocchi, el Pato Ferreri y el Rabo Castro.

 

La «rompía» cada fin de semana.

Nos fuimos formando con los viejos códigos que ya no existen y nos gustaba ir seguido por la sede. La pasábamos bien y aprendíamos un «vagón» con solo escuchar los relatos de los viejos hinchas y ver las fotos color sepia de Tito Borjas, Besuzzo, Enríquez, Sosa y Tejera. El Chato Giménez, Moscarelli, el Sapo Andrada (que empezó a ser crack en Uruguay-Montevideo y prolongó su fama en el Racing Club de Avellaneda), ¡Obdulio Jacinto Varela! Sí, aquellos fueron los tiempos, cuando íbamos y veníamos con los «pepos» de tapones y agarraderas, envueltos en papel de diario y debajo del brazo, disfrutando el placer inmenso de jugar al fútbol.

 

El tiempo pone cada cosa en su lugar

Arroyo Grande, García Morales y San Fructuoso.

Tres calles. «Tres cruces». Allí, pegada a los fondos del Vilardebó, existe una canchita donde se registraron varios «entreveros» y campeonatos de Ligas de barrio. Participamos en unos cuantos líos incluidos con las respectivas «roscas» que van y vienen a diestra y siniestra.

En esos campitos anduvo correteando el Cascarilla Morales con Alberto, su hermano, que al decir chispeante de Pepe Urruzmendi, jugaba mejor que Julio César. Y lo dice sin ponerse colorado, con convicción plena, a pesar de las sonrisas socarronas y miradas cómplices, de la barra de «atorrantes» que lo escucha atentamente en su disertación.

Lorenzo Unanue, que vivía a cuatro cuadras del lugar, también le dio tono muscular a sus piernas, yendo y viniendo en la vieja pista que tenía más tierra que pasto. «Pajarito» era eje de aquella dicotomía que era fatal para Hugo Bagnulo. ¿Recuerdan? era él o Julio César Giménez, el pibe de Artigas, de moña artera y precisa, peleando un lugar como entreala derecho en el Peñarol de este momento.

Hasta Paco Casal, con sus sueños de crack en ristre, fue locatario en este, su barrio, antes que asomara el empresario poderoso de hoy en día. Por allí está la cancha de Reducto y en la vuelta anduvieron el Chino Salvá, los hermanos Corbo y Mazurkiewicz, el flaco Lamas y los Benítez.

Pero también salieron Patos Cabreros y Jardineros de Harlem. La murga de José Ministeri, «Pepino» y los Humoristas del «Tuca» Basilio Alvez. Títulos legendarios de la fiesta que origina el jolgorio y la bacanal. Porque al cabo, éste es un «Reducto» carnavalero, donde se levantó algún tablado en más de un febrero.

Por eso, mientras el «five» locatario suda la «gota gorda» en el Federal de Tercera, soñando con el ascenso a Segunda, empezaron a sonar los tambores.

El tiempo pone cada cosa en su lugar y nos trajo otra vez por «Tres cruces». Arroyo Grande, García Morales y San Fructuoso.

Es tiempo de ensayo. Tiempo de Sarabanda, la comparsa de Alfonso y César Pintos, que ya está trabajando mientras la gente se amontona, para ver qué pasará con un plantel de «novela».

La puesta en escena de Coco Rivero, el talento de Angela Farías, figuras de la talla de Néstor Silva, Marihel Barboza, Lina Pacheco, Mónica Ramos, Paola Correa y Javier Mayo Cordero, entre otras, nos anuncian que Dios Momo se despereza entre los brazos de Morfeo. Sí, también está el dios de los sueños, que volverá a salir en Carnaval.

En el viejo y querido Reducto, mejor dicho en la cantina, al grito de Waldemar, van y vienen panchos, chorizos al pan, ensaladas, milanesas y hasta tortas fritas. Se «escabia» de lo mejor e impera el respeto y la alegría.

Eso sí, no se te ocurra pedir café, porque es una asignatura pendiente que esperamos se pueda aprobar a breve lapso. Por las dudas, no hay que olvidarse del termo y el mate.

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