La plata es la vida
Por Enrique Yanuzzi
Me estaba despertando el pasado miércoles y me pareció que estaba soñando. Enciendo el televisor, repaso las noticias y veo a un muchacho vestido de celeste en el podio y recibiendo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sydney.
Me puse a llorar, no aguanté la emoción. Era Milton Wynants.
Sanducero, uruguayo, oriental, charrúa, que sé yo, todo sirve, pasaron treinta y seis años para subir al podio. Pasaron cuarenta y ocho años para conseguir una medalla de plata.
No soy un hombre especialista en la materia, no sabía ni de qué se trataba la competencia que acaba de terminar en Sydney.
Por lo tanto no puedo opinar de nada. Sólo mi emoción, la de todos los uruguayos que madrugaron y se encontraron con la noticia.
El impacto fue tremendo, Una Medalla de Plata. Uno no estaba preparado para ese impacto, es más o menos como encontrarse con la novedad que Uruguay pagó la deuda externa. Un imposible.
Sin embargo el deporte, tiene esa chance única, la de competir y la de conseguir una hazaña como la lograda por Milton Wynants.
Me consta que hay muchos especialistas en la materia, –¿cómo deben estar, el «gallego» Regueiro, Isidro Zácara, Joaquín Rufino Telis y tantos otros colegas?
Cuando el martes en la Oral Deportiva del Mediodía, mi amigo y fanático del ciclismo, el doctor Ariel Delbono decía que Milton Wynants podía darnos una alegría, sinceramente pensé en lo que Ariel quiere el deporte del pedal por ser un hombre del Interior. Todo terminó en ese deseo. Estaba equivocado, Ariel tenía razón, el sanducero ganó y nos puso en el medallero olímpico.
Por supuesto que luego del impacto me puse a averiguar sobre su preparación y me encontré con un estupendo historial. Dos veces vicecampeón Panamericano, ganador de una Vuelta, la de 1996, defensor del Club Nacional de Fútbol.
Alguien me dijo que luego de la frustración por no ser campeón del Mundo en la categoría «B» disputado en nuestro país, se propuso la revancha en Australia. Ya en el 96 en Atlanta terminó undécimo.
La noche anterior a la competencia consagratoria, dicen que vio veintiocho veces el videotape de su prueba Olímpica, en Atlanta y que sacó sus propias conclusiones.
Allí estuvo el detalle, en el trabajo, en la concentración, en la garra y en la calidad.
Muchos años de entrenamiento, sin competencia en nuestro país, aquí el Velódromo se abre para la llegada de las pruebas de etapa, como la Vuelta o Rutas.
Hoy todos estamos orgullosos, locos de la vida, Milton Winants es Uruguay, es Medalla de Plata, es demostrarnos a todos que se puede.
Ahora que se tiene un Ministerio de Deporte, quizás el futuro sea mucho más venturoso, con el trabajo de todos, con el apoyo del país.
Espero que todo el pueblo salga a la calle para recibir a este verdadero héroe del deporte uruguayo.
Milton Wynants ya está en la historia.
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