Apuntes al Carbón

Uno de los Cinco Grandes Gobernantes de China, en la antigüedad, se llamaba Fu-Hi y era un apasionado inventor. Bueno hubiera sido conocerlo en estos tiempos que corren, por aquello de los TLC, TIFA, FIFA o como se llame. O se pueda inventar.

Hablando de la FIFA, nuestro hombre, indirectamente, estuvo vinculado a la multinacional que más plata embolsa a costillas de los demás, léase futbolistas, que sudan la gota gorda y a veces no tienen ni para el colectivo. Por lo menos así sucede en el fútbol nuestro de cada día.

Volviendo al tema, resulta que a Fu-Hi, un buen día se le ocurrió apelmazar varias raíces duras, hasta formar una masa de forma esférica, a la que luego recubrió con pedazos de cuero crudo.

¡Zambomba! ¡Cáspita! y otras interjecciones de todo tipo. Se había inventado la pelota, elemento sin el cual no hubiéramos conocido a la mayoría de los deportes modernos.

En realidad el comienzo fue elitista, porque sólo participaban del juego, como en los repartos de puestos políticos, los elegidos de la corte. Y en verdad que el divertimento era muy pavo, pues se la pasaban de mano en mano, les causaba gracia y se mataban de la risa.

Luego fue tiempo, en la Edad Media, de Ricardo Corazón de León (que no Hugo), fascinado por los juegos con pelota, al punto que le propuso al caudillo musulmán Saladino resolver las cuestiones sobre la propiedad de Jerusalén a través de un partido, lo que sin duda establecería un hecho más saludable para acabar con un litigio milenario y que tantas vidas ha costado. Dicho esto sin un atisbo de ironía.

 

¿Quién le puso el mango a la pelota?

Indios, egipcios y persas también adoptaron aquel elemento tan gracioso. Estos últimos utilizaban un amasijo de cáñamo y grasa de oveja, puesta a secar al sol, para jugar una especie de balonmano (¿cómo? ¿no fue un invento uruguayo?), a despecho de que a veces se permitía pegarle con los pies.

Siglos y civilizaciones pasaron hasta que los griegos denominaron al divertido objeto «esfatra», de donde deriva luego al mundo latino con el nombre de «esfera».

Los romanos también fueron aficionados a los juegos de pelota, surgiendo íconos de la historia universal como Marco Aurelio, Julio César, Augusto y Catón el Censor, como fanáticos de los encuentros ardorosos, que más de una vez pasaban de la discusión por una jugada polémica a la trifulca lisa y llana.

Y no es cuento. Homero y Herodoto, vaya lustre de historiadores si los hay, mencionan en sus obras la popularidad de estos juegos.

Y aquí viene el quid de la cuestión, que tiene por protagonistas a los ancestros de los actuales campeones del mundo llámense Del Piero, Buffón y Cannavaro.

Aquellos «tanos» ya no hablaban de «esfatra» sino de «pila», que con el tiempo se transformaría en «pilotta», para llegar hasta nosotros como «pelota».

Pero, ¿y la historia de los ingleses?

Es cierto, inventaron definitivamente el fútbol, pero aquí el tema es el elemento tan preciado que hizo glorioso al fútbol celeste y, gracias a esas hazañas, conocer el nombre de nuestro país.

Claro que para que ello sucediera, existía un acendrado amor por ella. Se la mimaba y trataba bien, con dulzura, para que se entregara dócil en la capellada del botín.

No como ahora, que para «matarla», cuando viene por el aire y con efecto, necesitan un revólver. O una faca voluminosa.

En fin, siempre que llovió paró, quién le diga que algún día, por lo menos, vuelva el amor por la pelota y el juego sea divertido y ganemos más seguido. Esa es la cuestión.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje