Al maestro con cariño

Cuando nuestra selección se juega la parada más difícil de su rica historia, cuando el desconcierto de decisiones fundamentales se transforma en un barco lleno de dudas avizorando un destino incierto, en nuestra memoria afloran recuerdos viejos de gestas similares, pero de una absoluta actualidad.

La «altura», ese mito indecifrable para la mayoría, encuentra en los excelentes preparadores físicos orientales la llave que abre el caudal necesario para oxigenar el organismo de nuestros jugadores. En los momentos cuando sobreviene el apunamiento, la experiencia del profesor Carlos Moreira, invalorable, significó en su momento, propósitos bien definidos de cómo contrarrestar los efectos de la altura. También el profesor Alberto Langlade en épocas similares, implantó metodologías más que exitosas para jugar en el antiplano. Incluso los legados de tan relevante profesional, se encuentran disponibles para quienes realmente tengan la inquietud de reeditar los organigramas que llevaron durante decenios a resultados positivos, conseguidos por nuestros equipos y nuestros seleccionados.

Destacar la coincidencia de conceptos emitidos por semejantes preparadores físicos, donde hicieron hincapié en una imprescindible actitud, no ya en minimizar los reales efectos de la altura, sino que por el contrario dejando de lado cualquier intención pedagógica de respuestas físicas. Ante estas circunstancias recalcaron la fortaleza de espíritu como legado original, como recurso propio e intransferible de indomable virtud, de quienes supieron lucir la gloriosa camiseta.

Cuando se contrató al director técnico de nuestra selección, imaginamos que fue una acción muy «craneada», que reflejaba una intención definida de una tranferencia de personalidad, pretendiendo que el señor Pasarella se pusiera el cuadro al hombro, como hacía con sus coterráneos. Que buscó y encontró triunfos imposibles en las áreas contrarias, a pura inspiración personal. Ese es el sentimiento que queremos ver reflejado en el equipo de todos, los uruguayos están acostumbrados a reconocer las influencias extrasensoriales, más viniendo de tan encumbrado entrenador.

Vamos a dejar de joder, con acondicionamientos de 30 días, parar el campeonato local, etc, etc. Hace cien años que le ganamos a los bolivianos, hay que deponer una actitud de soberbia, si la hubiera, hablar con los grandes maestros en esta especialidad, Oscar Niestch, con el profesor Maciel, con el laureado profesor Gutiérrez Ponce, con el master de los preparadores físicos, Esteban Gesto, todos ellos expresan lo mismo: hurgar en el alma y el carácter de nuestros fútbolistas. Será ahí donde seguramente se encontrarán las respuestas adecuadas.

Pero si en realidad no quieren repertir la nefasta experiencia de La Quiaca, una charla informativa con el profesor Cono Caminatti, permanentemente actualizado y que posee un tratado original sobre acondicionamiento básico en la altura sería muy saludable. Si esto no alcanzara, recurrir a las fibras más profundas de estos pibes celestes, ávidos de reflotar y hacer flamear en el próximo mundial, a la más querida de todas las camisetas, la de los milagros.

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