Fútbol de la república bananera
El fútbol uruguayo pareció iniciar una nueva etapa con la asunción del doctor José Luis Corbo al frente de la AUF.
Nuevas autoridades asociacionistas, el comienzo de la actividad local en la fecha pactada, grandes refuerzos en los grandes, y buenos resultados de la Selección con la conducción del maestro Tabárez, conformaban el menú completo para un lavado de cara a nuestro alicaído fútbol uruguayo.
Cuando todos pensábamos que nuestro principal deporte podía despegar, y que algo comenzaba a cambiar, la cruda realidad nos volvió a abofetear.
De nada valen las buenas intenciones cuando en un régimen profesional, el vil dinero nos muestra la absoluta sumisión a los intereses externos.
El 24 de enero de este año, con gran pompa en conferencia de prensa anunció la llegada de varias figuras? Allí vimos a Zinho, Pouso, Darío Flores, Izaguirre, Carlos y Serafín García, y Vigneri.
¿Qué queda de aquel paquete? El grupo inversor puso una inyección fuerte de dinero, pero de dicho esfuerzo poco queda.
Finalmente, la institución mirasol terminó siendo, a pesar de la acérrima oposición histórica de su presidente, una vidriera, sin ni siquiera haber participado en competencias internacionales.
Nuestro fútbol muestra gran fragilidad económica e institucional, pues nadie sabe muy bien quien es el dueño de los futbolistas, y de los clubes todos.
Cual época de la esclavitud los contratistas expresan a voz en cuello su propiedad sobre los jugadores, lo que está legalmente prohibido.
Pero no solamente Peñarol ha sido rehén de esta situación, sino el fútbol uruguayo todo.
Nacional perdió jugadores y estuvo en vilo hasta el último minuto a la espera de mayores desangres.
Rampla Jrs. contrató un jugador, Carreño, que ni siquiera hizo su arribo al país y siguió rumbo a Europa.
En dos fechas de torneo, los clubes ya no serán los mismos.
Poco serio, poco deportivo y poco humano.
Las ilusiones de salvación económica de los jugadores y sus familias son a veces explotados por algunos contratistas que manipulan las situaciones y convierten al fútbol uruguayo como el producto de una «república bananera». *
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