Apuntes al Carbón

El deporte y, de particular manera el fútbol, ha permitido el destaque de los negros nacidos en este país. Más allá de colgarse la «barrica» al hombre sostenida por el «talín», para descifrar el misterio y la magia que estremece el alma, por el sonido emanado de la lonja.

El fútbol, sí, porque lo demás surge como excepción. Siendo Santos Pereyra, Juan Bautista Burgues, Julio Rocha, Eulogio Caballero, Miguel «Flash» Píriz, José María Flores Burloni, figuras rutilantes que nos entregó el boxeo. Víctor Hernández, Walter Silvera o Juancito Delgado en el básquetbol.

El legendario Albertino Etchechury y el joven Andrés Silva en el atletismo.

Dicho todo ello, porque no es tarea sencilla hallar afrodescendientes, aunque más no sea, practicando ciclismo, tenis, rugby, hockey, voleibol o aeromodelismo.

Por supuesto, el deporte más popular del universo ha deparado la presencia de negros en todos los tiempos, incluidas las mayores glorias celestes.

Desde Juan Delgado e Isabelino Gradín hasta Víctor Hugo Diogo, pasando por José Leandro Andrade, Obdulio Varela, Víctor Rodríguez Andrade, El Cumpa Burgueño, Chirimini, Washington Ortuño, Escalada, Luis Varela, Elar Báezado, El Chango Pintos Saldanha.

 

Una verdad a medias

Sin embargo, no ha ingresado a la Historia Oficial, el brillo de los negros en ámbitos como el intelectual, universitario, profesional o periodístico, que los hay pero en menor medida.

Como el licenciado Ventura De Molina, zapatero y abogado, en pleno siglo diecinueve. Lino Suárez, Marcelino Bottaro, Elemo Cabral. El doctor Salvador Betervide, fundador del Partido Autóctono Negro. La poetisa, escritora y socióloga Cristina Rodríguez Cabral, distinguida en la literatura de los EEUU. El escritor Jorge Cardoso o el genial plástico Rubén Galloza. Un periodista y luchador social de la estatura de Agapito Carrizo. El nivel de Beatriz Santos, Julio Olivera y Romero Rodríguez.

Es cierto sí, que se visualiza la referencia al código de lealtad de Joaquín Lencinas, más conocido como Ansina, pero sin establecer su importancia como estratega militar, valiente guerrero y poeta, por encima de la discutible propiedad de cebar buenos mates. Otro tanto se podría decir de Manuel Ledesma, sumando más de lo mismo.

Claro está que a todos ellos, como al resto de la colectividad, le ha costado sangre, sudor y lágrimas ocupar su espacio dentro de una sociedad que, efectuando un corte horizontal, discrimina e impone injustas postergaciones a las aspiraciones de los negros. Y esta afirmación no resiste objeción o polémica alguna.

Por todo ello asume histórica trascendencia la introducción al Parlamento de un proyecto de ley del diputado Edgardo Ortuño Silva que declara al 3 de diciembre de cada año «Día Nacional del Candombe, la Cultura Afrouruguaya y la Igualdad Racial», promoviendo la difusión y valoración del mismo, además de asignar interés nacional a las acciones educativas y campañas de comunicación, que contribuyan a esos fines.

Va de suyo que la ley propenderá a combatir el racismo en todas sus formas, apuntando a la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, dándole la responsabilidad al Estado, de adecuar políticas que, de una vez por todas, destruyan las inequidades que desde su llegada a estas tierras como mercancía esclava afecta al colectivo de los afrodescendientes. En todo caso y para que nadie se haga el distraído, debe informarse que ha llegado un tiempo de cambios.

Enhorabuena. *

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