Desde la cabina
por Juan H Alfonzo (columnista invitado)
Jugando su peor partido en mucho tiempo, Nacional dejó pasar anoche la oportunidad de asegurarse prácticamente la clasificación al empatar con un equipo de Corinthians que es una pálida expresión de lo que fue en otros tiempos, no muy lejanos, la institución más popular del fútbol paulistano.
Es difícil explicar lo mal que jugó el conjunto uruguayo en el primer tiempo. Demasiada distancia entre sus hombres e incluso entre sus líneas, pases infantilmente regalados a los contrarios, en una serie interminable de equivocaciones que generaron un dominio ostensible de los brasileños, que fueron superiores en ese lapso con el único expediente de agruparse en todos los sectores de la cancha e intercambiar pases de corta trayectoria, generalmente con destino adecuado.
Así fue que Leonardo Romay se convirtió en figura con algunas contenciones de valía, sobre todo un tiro que le sacó a Fernando Baiano volando hacia su derecha cuando el balón hizo una trayectoria extraña, doblando en el aire y motivando que funcionaran a pleno los reflejos del meta parquense.
Nacional llegó un par de veces antes del descanso, siempre por el lado de Mario Regueiro, el único que preocupó a la defensa corinthiana, y tuvo el gol en los pies de Sergio Martínez tras gran pase del nombrado Regueiro, pero el goleador quiso hacer la misma jugada que concretó contra Huracán Buceo y que culminó en una conquista de gran factura, pero esta vez el arquero no se tragó el amague y se quedó con la pelota. Ese tipo de maniobra lujosa vale cuando un encuentro está definido, como lo estaba el del sábado, pero no en uno como el de anoche, en que el equipo tricolor estaba lleno de dificultades y el tanteador seguía cerrado. En esas circunstancias era necesario asegurar el gol aprovechando la circunstancia aislada que se le había presentado al número 11 nacionalófilo.
Reacción después de un baldazo
El segundo tiempo tuvo dos partes bien diferenciadas. Hasta los 19 minutos, momento en que Fernando Baiano dejó al Centenario auún más helado de lo que estaba al vencer a Romay con toque corto por encima del arquero, el trámite había sido el mismo de la parte inicial. Corinthians tocando mejor la pelota y Nacional arrastrando su impotencia. Hugo de León se decidió finalmente a hacer los cambios que debieron llegar mucho antes del cuarto de hora, cuando entraron Coelho e Islas por Varela y Da Silva, que no habían hecho nada.
El cotejo cambió radicalmente luego del gol visitante. Los brasileños retrocedieron, empujados por un equipo uruguayo tan vehemente como desordenado. Regueiro se hizo incontrolable y con el aporte de Oscar Morales recuperando balones y la visión de Coelho para movilizar a sus compañeros, se llegó a la igualdad cuando Scotti capitalizó otra excelente acción gestada por la izquierda.
De ahí en más -todavía faltaban 19 minutos- se asistió a un dominio total de los parquenses, sucediéndose los errores de definición -uno de Islas realmente angelical entregándole la pelota al meta Mauricio-, un penal enorme cometido a Richard Morales y varias acciones desperdiciadas por apresuramiento, o simplemente porque fue una noche fatal para los locales.
Un partido pobrísimo. Nacional fue un desastre durante más de una hora, después reaccionó y anduvo cerca del triunfo, que no logró por sus propios errores.
Corinthians es una caricatura de su pasado reciente, sintiendo notoriamente ausencias de elementos de jerarquía. Aun así, ganó su primer punto en esta Copa Mercosur. El elenco uruguayo, por su parte, dejó escapar dos unidades que puede lamentar en el futuro.
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