La duda radicó en cuánto podía aguantar Uruguay el 0 a 0

Argentina, sin lucir, ganó claramente a un equipo celeste que no tuvo ataque

Sólo podíamos aspirar a un 0 a 0, que de poco iba a servirnos por otra parte. Con un equipo, o mejor dicho, con medio equipo, no se puede pretender cosas importantes y Uruguay fue ayer la mitad de un conjunto de fútbol. Una defensa que aguantó una hora, un mediocampo con muchos altibajos y, de la línea central para adelante, nada. Justo es decir que no es responsabilidad, por ejemplo, de Risso, un muchacho que se brindó a la lucha, corriendo pelotazos sin destino, rodeado de adversarios y sin posibilidades de éxito. Sí hay que adjudicarle una cuota de culpa a Olivera, por su jerarquía y porque entregó sistemáticamente la pelota a los rivales, jugando un fútbol anodino, sin dinámica, que explica bastante por qué casi no ha jugado en Europa.

En el medio, Giacomazzi, ubicado como volante tapón, rindió aceptablemente, mientras Coelho se mostró irregular, maniobrando bien a veces y perdiendo balones inexplicablemente, generando peligrosos ataques adversarios.

Pouso en una actuación sin relieve, quitando poco y pasando imperfectamente el balón, y Pablo García, de gran despliegue físico, de fuerza a veces excesiva y de desorden en idéntica proporción a su entrega. La línea final acusó dificultades en los costados, donde Lembo no estuvo prolijo con la pelota y Pellegrin volvió a ser figura nominal, obligando a sus compañeros a hacer horas extra para cubrir sus espaldas. Carini correcto en la valla.

Ese fue el panorama de los celestes hasta el fatídico minuto 16 del segundo tiempo, cuando Argentina se puso 1 a 0 liquidando prácticamente el pleito, porque el conjunto compatriota no tenía argumentos futbolísticos para dar vuelta los acontecimientos.

NULA FUERZA OFENSIVA

Fue tal la inoperancia del elenco de Púa que su primera llegada al arco de Muñoz se produjo a los 40 minutos de juego, cuando Coelho no alcanzó un envío de Risso que atravesó el área chica de los albicelestes. El encuentro en la primera mitad fue pobre, disputado por dos equipos tensionados, nerviosos y preocupados. Dentro de esa tónica, el a la postre vencedor fue más, y aun llegando poco, creó tres situaciones de riesgo, mediante cabezazo de Romeo que pegó en el travesaño, remate de Dutscher que desvió Carini y un globo de Aimar que se fue apenas arriba con el meta demasiado adelantado. Uruguay, con Sorondo como figura en el fondo, mantuvo el cero en su arco, pero nada más. No tenía con qué lograr algo positivo en el otro sector del campo.

Para el segundo tiempo se esperaban variantes en filas celestes, pero el entrenador no lo entendió así y mantuvo la formación, cuando era evidente que había jugadores que no justificaban su presencia en el terreno.

El trámite varió algo al comienzo del complemento, emparejándose en la zona central, pero siguió siendo de nivel mediocre. Argentina, con Messera por Biaggini, buscó y consiguió mejor conexión arriba pero los celestes seguían defendiéndose con ardor, superando incluso las defecciones individuales de algunos de sus defensores.

Pero los errores se pagan caro y nuestra selección volvió a comprobarlo en la víspera. Un corner ejecutado en forma imperfecta por Aimar desde la derecha, bajo y abierto, fue rechazado de cabeza por Coelho arrojándose al piso, pero dejando el balón mansito al borde del área, de frente, pronto para el bombazo de sobrepique de Scaloni, que se metió en el ángulo superior izquierdo de Carini pese al gran esfuerzo de éste. La incógnita que presentaba el encuentro, que radicaba en si los celestes podían mantener el marcador cerrado hasta el final, se había diluido y, por si cabía alguna duda, tres minutos después, el mismo Scaloni escapó por derecha en gran carrera, la metió al medio, falló un compañero pero le quedó muerta a Messera para el segundo, que convirtió con un pelotazo de abajo arriba que pegó en el travesaño antes de entrar al arco celeste.

OTRA VEZ EL DESCONTROL

La última parte del encuentro fue un gran sufrimiento para nuestro representativo. Futbolistas enojados buscando las piernas de los contrarios, expulsión para Pablo García, justificada, y perdón arbitral para Pouso, Sorondo y Nicolás González, que entró faltando poco y metió un planchazo terrible. Otro gol de Messera al culminar excelente acción de Saviola, fijó el tanteador definitivo, decretando la segunda derrota consecutiva de Uruguay, ambas por la misma diferencia de goles.

No puede discutirse la legitimidad del triunfo argentino, aunque la producción de los dirigidos por Pekerman haya distado bastante de ser buena.

Le alcanzó con la vitalidad y el ritmo que le impone Scaloni a un equipo que tiene muchos nombres, varios a los que se considera estrellas, pero que hasta ahora, y ayer tampoco, aparecieron con la jerarquía que han mostrado defendiendo a los clubes de su país.

LA HISTORIA SE ESCRIBIO EL MIERCOLES

La goleada de Chile ya había marcado el destino celeste en este Preolímpico.

Dijimos en el análisis pospartido que los trasandinos se habían llevado, no sólo el invicto que hasta ese cotejo había mantenido nuestra selección, sino también las ilusiones que Víctor Púa y sus muchachos alentaban, de estar en unos Juegos Olímpicos luego de 72 años de ausencia de los mismos.

Lo de Argentina ayer fue mero trámite porque la historia ya estaba escrita desde que los chilenos nos dieran el golpe de nocaut que nos quitó todas las posibilidades.

La selección celeste llegó hasta donde pudo, que fue bastante más de lo esperado teniendo en cuenta la forma en que arribó al torneo.

Con producciones irregulares, pero con la fortuna que significó hacer un gol antes de los primeros 15 minutos en tres de las cuatro presentaciones en la ronda inicial y sufriendo luego para mantenerlo en todos los casos, y con una excelente actuación para la victoria ante Argentina con una formación de suplentes, se logró el puntaje ideal y nació una esperanza que no tenía base sólida de sustentación, según se vio en Londrina. Será para otra oportunidad…. y todavía falta nada menos que Brasil mañana.

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