El libro del Picaflor

–Picaflor, me contaron que lo vieron reanudar los vuelos rasantes por la planta alta de la AUF. ¿Volvió a hacer otro pacto?

Pacto ninguno. Se terminaron los pactos. El Picaflor fue citado expresamente por el presidente del Consejo Juvenil, por un tema puntual; solicitó la presencia en su despacho al encargado de la seguridad, éste allanó el camino y el plumífero aceptó trasladarse hasta la oficina de Spillam. Hizo una excepción.

–¿No le dijeron nada cuando lo vieron nuevamente en la planta álta?

–Los funcionarios se sorprendieron. El primero que reaccionó fue el gerente deportivo, Osvaldo Giménez, quien vino a preguntarle hacia dónde se dirigía. Cuando El Picaflor le aclaró que había sido citado por Spillman, no dijo nada más.

–El sabe bien dónde le aprieta el zapato.

–Por supuesto. Después de entrevistarse con Spillman, el Troquílido volvió a descender y allí se encontró con el gerente general, contador Fernando Sureda, quien recabó información ampliatoria al funcionario de seguridad, sobre quien había autorizado el plumífero a subir a las oficinas del primer piso.

–En otras palabras, lo vigilan como si fuera un delincuente.

–Aunque ellos tienen claro que El Picaflor no es ningún delincuente –hay otros que tienen grandes prontuarios y se desplazan sin problemas en la Asociación–, lo hacen sentir de esa forma. Desde la escalera hasta la central telefónica, el Troquílido fue acompañado –vigilado–, por el funcionario Fernando Cáceres. Allí tomó la posta el secretario de Spillman, Gastón Fernández, quien completó el tramo. En todo momento, el plumífero fue marcado a presión y tuvo un stopper respirándole en la nuca.

–Déjese de embromar, usted también es un buey corneta. Yo lo mando a cag… y no subo nada.

–Ocurre que Spillman tuvo un gesto muy noble con El Picaflor cuando Figueredo lo presionó para que no hablara más con él y Nelson bancó camiones y lo mandó a freír espárragos. Ese gesto de Spillman no tiene precio y, por lo tanto, el Troquílido sintió la obligación moral de responderle en los mismos términos al presidente del fútbol juvenil.

–No hay dudas de que usted sigue proscripto.

–Totalmente proscripto, como en la época de la dictadura. La resolución del Consejo Ejecutivo sigue en pie y El Picaflor no la va a violar porque, si no, después inventan las novelas que todos conocen, como que aprovecha sus vuelos rasantes, para «robar documentos»… Semejante canallada, inventada por un alcahuete para quedar bien con Figueredo, merece una respuesta tajante. Salvo una convocatoria de Spillman, que se jugó los boletos por el Troquílido, éste no va a subir más a la planta alta hasta que Figueredo pierda el sillón.

–Entonces tiene para, por un par de años más, sobrevolar sólo la planta alta.

–Está equivocado. El fin de Figueredo ya empezó. Al pulgar para abajo que decretó Tenfield SA se ha sumado otro de mucho mayor poder que lo quiere volar de la AUF porque su nombre no le trasmite credibilidad… Tiempo al tiempo, El Picaflor le puede adelantar que la administración Figueredo está jaqueada por varios frentes y bastará el pretexto más banal para que se produzca su caída. Varios clubes se han dando cuenta que se «escuda en la presidencia de la AUF para currar después en la Confederación y en la FIFA», como le dijo un delegado al plumífero y, mientras la Asociación está fundida, construye su templo por doscientos mil dólares.

–A la pucha, la cosa viene que hiede, entonces.

–Hiede y el olor es insoportable.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje