Fútbol uruguayo: cada cual, cada cual, que atienda su juego
Como el juego de niños que decía «Antón, Antón, Antón pirulero, cada cual, cada cual, que atienda su juego, y el que no lo atienda,…….pagará…».
En el ámbito futbolístico, esa es la tónica a seguir.
Cada cual debe guardar su lugar, cada uno desempeñar su rol, porque sino puede pagarlo caro.
Los protagonistas de esta historia juegan su partido, sin apresuramientos, todo muy calculado, aunque el oficio, la experiencia o la «endurance» de algunos les haga tener un plus.
Desde hace nueve años Eugenio Figueredo fue tejiendo una trama en la AUF que lo ha constituido en el dueño del poder del fútbol uruguayo, sólo comparable al detentado por Tenfield.
Es más, increíblemente en una química perversa, es el único freno para el poder de Tenfield, se respetan mutuamente.
El Ministro de Turismo y Deporte, el doctor Héctor Lescano, comenzó a asumir su papel, y su actuación es correcta. Solamente mentes muy imaginativas pueden suponer que lo actuado por el ministro supone una intervención. ¿Para que existe un ministro si ni siquiera puede dar opiniones?
El asumir el rol de mártir o perseguido puede dar su rédito, y Figueredo lo sabe, lo aprovecha, y lo explota. Los dichos de Lescano le vinieron «como anillo al dedo». Es mas, la «versión Figueredo» de los dichos del ministro nos puede complicar ante los «popes» de la FIFA, y el ¿ex? mandamás de la AUF lo sabe.
Pero si en el ansia de atacar cualquier ingerencia gubernamental, enlodamos gente, el tema se convierte en vil, y tal situación surge de la entrevista a Juan Pedro Damiani.
Mas de veinte años nos une en una relación personal, no de amistad, pero si de aprecio mútuo, con Fernando «Cacerola» Cáceres. El director de Deportes del Ministerio, al cual conocemos desde las épocas de los «federales de la FEUU» no es personero de «Paco» Casal, y si esta en falta, es por omisión, por no tener la suficiente ingerencia en el tema futbolístico, no por hacerle el trabajo a nadie. El mismo trabaja por y para el pueblo, con virtudes y defectos como todos los mortales, pero con convicciones éticas, morales, y sociales.
Figueredo, los dirigentes clubistas, el Ministerio, Tenfield, y los Damiani operan políticamente, y es correcto, responde a los intereses de cada uno de los actores.
Cada uno con sus posibilidades, sus estratagemas, sus lealtades y sus renuncias, pero todos están en este juego, y por el bien del fútbol uruguayo ojalá la partida haga que gane el mejor.
La crisis del fútbol uruguayo no tiene una causa única y de la correcta coordinación de esfuerzos y aprovechamiento de condiciones podremos rescatar. *
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