La ida de los Damiani no es solución
Cuando al término del Consejo Directivo de Peñarol de los lunes, se conoció la renuncia del presidente y vicepresidente del club, José Pedro y Juan Pedro Damiani, y los directivos Maturet y Welker, tembló parte de la mejor historia de la institución carbonera.
Damiani, Cataldi y Güelfi han sido sin lugar a dudas los grandes pilares de la historia mirasol de los últimos cincuenta años de su historia.
En particular, el contador Damiani ha sido el gran protagonista directriz de los últimos veinte de la rica historia aurinegra.
Con claros oscuros, con luces y sombras, su especial impronta ha signado la vida institucional de la entidad.
Damiani ha legitimado su ideología en diferentes actos electorales. Se nos podrá decir que el padrón electoral esta muy limitado, le es leal, o mil otras condicionantes, pero en los hechos su accionar ha sido convalidado en reiteradas oportunidades. Sin ir más lejos, en noviembre del año pasado, en una de las peores situaciones futbolísticas de su historia, Damiani resultó reelecto presidente.
Este primer semestre del año no ha hecho más que incrementar el debacle deportivo aurinegro. La pérdida de puntos por el insuceso de la muerte del parcial de Cerro, la paupérrima gestión deportiva en el Clausura, y la derrota legal en el TAS han puesto a la institución en una crisis histórica, al mismo tiempo que nuestro fútbol todo vive horas críticas.
Damiani y Casal, de grandes acuerdos, de grandes proyectos comunes en el comienzo de la década de los 90 – quinquenio incluído- fueron gestando «la guerra de los Roses» del fútbol uruguayo, y en especial de Peñarol.
A esta altura ambos perdieron imagen, y han resultado mezquinos en contra de los intereses mirasoles. La gente que «banca» a Damiani aborrece a Casal. La gente que aborrece a Damiani, no necesariamente ama a Casal.
En esta guerra fraticida entre dos manyas de ley, el único que ha perdido ha sido Peñarol.
Los personalismos, los egos, las ambiciones, el detentar poder de estos dos personajes de nuestro fútbol, y en especial de Peñarol, han llevado al club al despeñadero.
¿Qué se soluciona con la ida de los Damiani? ¿Con que seguridades va a trabajar Gregorio Pérez, Capria y compañía?
Creemos que la ida de los Damiani profundiza la crisis, la cual no tiene a corto plazo perspectivas de solución.
¿Cuál es la figura para revolucionar Peñarol? ¿Quién podrá asumir una presidencia revulsiva?
La ida de los Damiani no soluciona nada.
Si la llegada de Gregorio Pérez aportaba seriedad, sobriedad e imagen de trabajo, las renuncias en masa suponen la inestabilidad institucional por un buen período de meses, supone un «patear la mesa».
Peñarol no merece las mezquindades de estos «próceres históricos», cuya renuncia no supone ponerse a tono con la situación, sino apenas abandonar el barco en medio de la tempestad. *
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