NI LA MUSICA DE RODRIGO ALEGRO A LOS TRICOPLAYEROS

"Seis meses sin cobrar"

La situación que viven los futbolistas de Huracán Buceo es realmente insostenible. En la tarde de ayer, los futbolistas pegaron un cartel en zona de vestuarios visitantes, hecho a mano, que textualmente rezaba: «¿Quién aguanta? Seis meses sin cobrar». En la puerta del camarín colocaron otro impreso, que decía: «Prohibida la entrada a toda persona ajena al plantel superior de Huracán Buceo».

En dos palabras, dirigentes fuera.

Corrían veintiocho minutos del primer tiempo cuando el línea Walter Rial, de espaldas a la Tribuna América, en momentos en que intentó frenar para correr hacia el otro lado, pegó una patinada que lo dejó casi sentado en el suelo.

Por supuesto, la risa del público fue inmediata.

Muchas veces sucede que los dos técnicos deciden incluir cambios al mismo tiempo. Lo curioso de este caso es que al mismo tiempo entraron al campo los dos números quince, y por si fuera poca coincidencia, los dos eran morenos: el nigeriano Ike Uzoma entró en Huracán, y el cerrence Mario «La Coca» Regueiro ingresó en los albos.

Debido a la pobre concurrencia de espectadores, debido al mal tiempo, los cánticos de la barra Amsterdan retumbaban fuerte en el cemento. Casi toda la tarde se escuchó el tradicional «Dale Bo, dale Bo», alentando a los bolsos, pero con una nueva tonada.

La música elegida por la hinchada fue la del tema «La mano de Dios», dedicada a Diego Maradona por el desaparecido cantante Rodrigo.

Varias veces se ha criticado a la gente de CAFO por el estado del césped del Centenario, pero ahora, desde hace algún tiempo, se encuentra en forma impecable. Después de las torrenciales lluvias caídas, el verde del Estadio lució impecable, sin agua estancada ni los antes típicos charcos de barro. Los jugadores llegaron al vestuario sin una sola gota de barro en sus uniformes. Diez puntos para la gente de CAFO, fundamentalmente para los encargados del cuidado de la cancha.

Lo del árbitro Martín Vásquez fue increíble; cuando iban 43 minutos del segundo tiempo, se puso a conversar con uno de los funcionarios encargados de la transmisión televisiva ¡mientras el partido se seguía jugando!

Estuvo cerca de diez segundos dialogando con el hombre de la TV, sin preocuparse por dónde andaba la pelota y qué hacían los jugadores. De Ripley, Vázquez.

La obra cumbre: Martínez llega al tercer gol del equipo y de su cosecha personal, amagando para dejar a Pereira tirado en el césped (1); luego engancha para dejar sin defensa al portero (2) y después de encontrar el hueco (3) remata al fondo de la red, colocando el balón lejos del defensa que cubría la línea del arco (4).

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